Aquí los autobuses, colectivos u ómnibus no tienen nada que ver con el sufribus, alsa, damas, lax, alsina graells ni parecidos, aquí son de dos plantas, en cama o semicama, donde se puede dormir perfectamente, y donde se sirve comida. Para cenar un sandwich, una lasaña, un alfajor y 7up (como le gustan las gaseosas a esta gente), y después una peli, "Ángeles y demonios" que no es tan mala como pensaba, al menos la parte que vi hasta antes de dormirme.
Al día siguiente llegamos a San Ignacio, en la parada nos recibió Michael, un chavito rubio que nos cameló. Al decir su nombre, me sonó a Maicol, a Perdidos, a Corleone, y no pudimos negarnos a nada que nos ofreció: una habitación en su hotel por 60 pesos y un taxi para ir a ver las misiones de Loreto y Santa Ana.
Las misiones son un experimento social de los jesuitas en el norte de Argentina, Paraguay y Brasil. Los curitas fundaron "reducciones" donde establecieron comunidades de guaraníes a los que evangelizaron y educaron mientras que, al mismo tiempo, los protegían de la esclavitud y de las influencias malignas de la sociedad colonial (Lonely Planet). En cada misión había dos jesuitas que se reunían cada día con los caciques (el gran logro de las misiones fue mantener las estructuras de poder guraníes y aprender su lengua para relacionarse) para informar del orden del día, cada guaraní tenía un pedazo de tierra que cultivaba durante tres días, otros tres días los dedicaba a tareas de la misión y el séptimo supongo que descansaba, ¿no? Los niños eran educados y evangelizados, cuando crecían eran formados en diferentes oficios y los que cursaban la educación entera llegaban a ser profesores de sus propias misiones. Si alguien ha visto La Misión, la peli hace referencia a los últimos días de las misiones jesuíticas. La misión de San Ignacio es la que se conserva mejor, pero me gusto mucho más la de Santa Ana porque la guía se lo curró y nos explicó muy bien la organización de la sociedad, las diferentes zonas de la misión y su funcionamiento. Una visita recomendada.
San Ignacio pueblo no es nada del otro mundo, casitas, terrenos, tiendas, bares, kioskos, etc... La vida nocturna esta muy limitada, antes estaba el Troya pero lo cerraron y ahora toda la actividad se concentra en la plaza, donde los chavitos hacen botellón, y en el casino, no sabía que los argentinos eran tan aficionados al juego y la verdad es que en casi todos los sitios que hemos visitado hay uno, la cual cosa no dice mucho de la sociedad argentina.
El hostal no estaba mal, la habitación amplia y con vistas a la misión de San Ignacio, el lavabo cutre, estuve 5 minutos esperando a que se calentase el agua, cagándome en Maicol, hasta que Ray me comento que a veces los grifos están al revés. ¿Cómo no iba a estar el agua caliente en el grifo izquierdo? Lo mejor del hostal el desayuno, unas medias lunas ricas y recién hechas, un jugo de naranja natural, tostaditas, manteca, dulce de leche y cafecito con leche, que pena que esté prohibido fumar en los bares y de más, sino desayuno completo.
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