Tomamos el colectivo en Puerto Iguazú hacia Salta, 22 horas de viaje que no se hicieron eternas gracias a las cuatro películas que pusieron. No hay nada mejor que ver To Fast To Furius 4 otra vez que verla en argentino, Vin Diesel no tiene el mismo carisma, después Crepúsculo, Señales del Futuro y para acabar la peli de Eastwood del niño desaparecido, ¿cómo pueden intentar colar un niño que no es a una madre? Durante el viaje nos dieron de comer, un sandwich de miga, y de cenar, un filete de pollo empanado con unas patatas medio crudas, no estuvo mal.
Al llegar a Salta nos asaltaron los relaciones públicas de los hostel, nos quedamos con el más barato, 25 pesos por persona en el Siete Duendes. La ciudad de Salta es Salta la linda, con un pasado colonial importante, creo que fue uno de los asentamientos más antiguos de los españoles, y la verdad no se donde ven lo de lindo en la ciudad. El centro son 10 cuadras cuadradas con restos de arquitectura colonial, el cabildo, y unas iglesias bastante bonitas, a parte de eso tiene la calle Balcarce, donde se concentran los boliches (como el Ibiza y el Amnesia) y las peñas (comedores turísticos con espectáculos folclóricos en directo, una pasta, no entramos). A parte del centro se puede visitar el cerro de San Bernardo, una montañita orgullo de la ciudad a la que se puede acceder por carretera, por una escalera con unos 1000 escalones y por teleférico. Tomamos el teleférico y Ray lo pasó fatal, tiene vértigo o un miedo extraño a las alturas. Al llegar a la cima, hay poco que ver, una vista panorámica de la ciudad y una vueltecita por la reserva natural del cerro por 3 pesitos con guía. La visita está interesante, pero no mata. El guía nos comentó que el cerro se está cayendo y que están un poco preocupados porque se van a quedar sin atracción turística, y también nos hizo un pequeño resumen sobre la fauna autóctona de la zona compuesta por alacranes, víboras, arañas (se ve que hay una araña grande como una naranja, no la vimos) y mosquitos en verano, cuando dijo lo de los mosquitos solté una pequeña carcajada, no podía creer lo que estaba escuchando. Después de la visita bajamos por las escaleras y nos comimos un buen locro acompañado de una humita y un tamal.
Si llegan a ir a Salta, no se pierdan el Museo Arqueológico de Alta Montaña. En 1999 una expedición formada por argentinos y chilenos, encabezada por un austríaco y con reportaje fotográfico del National Geographic subió al volcán Llullaillaco a 6700 metros de altura y encontró la tumba de tres niños de la época inca ofrecidos a los dioses junto a su ajuar. Un hallazgo arqueológico impresionante que se puede ver en el museo. Ah, por motivos de conservación "los niños del Llullaillaco" se exponen por separado y van rotando, cuando fuimos vimos la niña del rayo, porque se quemó en parte debido a un rayo que le cayó. Es impresionante, se mantienen en un estado de conservación increíble, los dientes, el pelo, la piel...
Al llegar a Salta nos asaltaron los relaciones públicas de los hostel, nos quedamos con el más barato, 25 pesos por persona en el Siete Duendes. La ciudad de Salta es Salta la linda, con un pasado colonial importante, creo que fue uno de los asentamientos más antiguos de los españoles, y la verdad no se donde ven lo de lindo en la ciudad. El centro son 10 cuadras cuadradas con restos de arquitectura colonial, el cabildo, y unas iglesias bastante bonitas, a parte de eso tiene la calle Balcarce, donde se concentran los boliches (como el Ibiza y el Amnesia) y las peñas (comedores turísticos con espectáculos folclóricos en directo, una pasta, no entramos). A parte del centro se puede visitar el cerro de San Bernardo, una montañita orgullo de la ciudad a la que se puede acceder por carretera, por una escalera con unos 1000 escalones y por teleférico. Tomamos el teleférico y Ray lo pasó fatal, tiene vértigo o un miedo extraño a las alturas. Al llegar a la cima, hay poco que ver, una vista panorámica de la ciudad y una vueltecita por la reserva natural del cerro por 3 pesitos con guía. La visita está interesante, pero no mata. El guía nos comentó que el cerro se está cayendo y que están un poco preocupados porque se van a quedar sin atracción turística, y también nos hizo un pequeño resumen sobre la fauna autóctona de la zona compuesta por alacranes, víboras, arañas (se ve que hay una araña grande como una naranja, no la vimos) y mosquitos en verano, cuando dijo lo de los mosquitos solté una pequeña carcajada, no podía creer lo que estaba escuchando. Después de la visita bajamos por las escaleras y nos comimos un buen locro acompañado de una humita y un tamal.
Si llegan a ir a Salta, no se pierdan el Museo Arqueológico de Alta Montaña. En 1999 una expedición formada por argentinos y chilenos, encabezada por un austríaco y con reportaje fotográfico del National Geographic subió al volcán Llullaillaco a 6700 metros de altura y encontró la tumba de tres niños de la época inca ofrecidos a los dioses junto a su ajuar. Un hallazgo arqueológico impresionante que se puede ver en el museo. Ah, por motivos de conservación "los niños del Llullaillaco" se exponen por separado y van rotando, cuando fuimos vimos la niña del rayo, porque se quemó en parte debido a un rayo que le cayó. Es impresionante, se mantienen en un estado de conservación increíble, los dientes, el pelo, la piel...
De Salta fuimos a la quebrada del Humauaca, alquilamos el auto más barato que encontramos en Dollar Rent a Car y a la carretera. Rayco se dejó la licencia en Buenos Aires y yo manejaba el auto, al menos en los trayectos más sencillos. Subimos hacia Jujuy por La Caldera, una carreterita de montaña estrechita muy linda, y de Jujuy, que pasamos de largo sin visitar, a la quebrada. Nos instalamos en Tilcara, un pueblito turístico con casas de adobe y techo de paja muy lindo, donde puedes visitar la Pucara, poblado inca reconstruido muy bonito, y la Garganta del Diablo. En Tilcara dormimos en el hostel Waira donde estaban preparando un asado el día que llegamos. El plan inicial se truncó tras el asado, el vino, el fernet y conocer el bar Los Tientos. La mañana siguiente se perdió totalmente, Rayco tuvo una resaca espantosa y no se despertó hasta las 2 del mediodía mas o menos, se duchó, bebió un poco de agua y agarramos el auto hacia Iruya.
Iruya es un pueblo que está en medio de un valle, a 60 kilómetros de la carretera, se llega por una pista que sube y baja y que se hace interminable, unas 2 horas. Llegamos, vimos un poco y nos fuimos, nos cogió la noche de vuelta y la verdad es que estaba un poco asustadillo, pincharemos? nos quedaremos sin gasolina? nos estamparemos? pero fue bien la cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario