Durante el trayecto a San Martín de los Andes los argentinos me sorprendieron una vez más, en vez de poner la película de la tarde hicimos un bingo, ya he comentado la afición de esta gente por el juego y como los casinos son una atracción digna de mencionar en los mapas turísticos de las ciudades, pero lo del bingo me superó y me quedé a tres números de cantarlo, lo que
no hubiese servido de nada porque no había premio, ni un mísero refresco o la posibilidad de repetir en la cena, na de na.
El viaje fue largo y un poco aburrido, como el colectivo estaba lleno de niños
porculeros pusieron la
peli Ice
Age 2 y un corto que incluye el
DVD por la noche, y a la mañana siguiente
Heat, en latino, todo un espectáculo. Para cenar unos canelones de verdura medio guarros.

Al llegar a la terminal de San Martín fuimos directos al bar, bueno no, fumamos un cigarro primero, y
después a comer, una hamburguesa completa para mi y un
lomito para Rulos. En el bar nos esperaba una viejo ofreciéndonos su
bed &
breakfast, nos contó sus
batallitas, sus visitas a España durante la dictadura, el destape y la actualidad, y nos recomendó un par de sitios para visitar, también nos invitó a tomar un
café en su casa, pero pasamos de ir. San Martín es un pueblo chico, desperdigado con casas por todas partes, muchas tiendas de todo tipo y un centro de esquí próximo que lo convierte en un destino turístico importante y caro muy importante. Pasamos la noche en el
hostel Puma donde nos cobraron 65 mangos por persona, la cama más cara que he pagado durante el
paseito por Argentina, un precio que nos pareció exagerado en ese momento por un
hostel con buen servicio pero tampoco para tanto, la computadora era un viejo
IBM portátil con la bola
ratón roja cutre que tardaba horas en conectarse, hemos encontrado de mejores por menos. En San
Martín pasamos una tarde, dimos una vuelta por el centro, vimos escaparates, casas y tiendas de madera, mucha gente y el lago
Lácar. Por la noche cenamos un pollo asado y una ensalada que compramos en La Anónima, una cadena de supermercados del sur de Argentina con una sección de comida preparada rica, rica, rica... todo un
descubrimiento.
Al día siguiente hicimos la excursión de los siete lagos, una excursión de 110
km entre San Martín y Villa La Angostura que transcurre por la Ruta Nacional 234 y en la que ves el lago
Machónico,el lago Hermoso, el lago
Villarino, el lago
Falkner, el lago Escondido, el lago Espejo y el lago Correntoso, cada cual más bonito. La excursión estuvo buena, pero hacía mucho mucho
frío. En Villa La Angostura paramos a comer y dimos una vuelta por el pueblo, lleno de hoteles,
residenciales y casas de extremo lujo, parcelas enormes a orillas del lago con muchos árboles, casas enormes y bonitos, teníamos intención de hacer noche, pero visto lo visto y con la experiencia de San Martín
pensamos que nos arrancarían la cabeza en la Angostura y por la tarde tomamos un colectivo hacia
Bariloche.
Bariloche es una ciudad a orillas del lago
Nahuel Huapi, muy, muy, muy turística, una especie de
Salou pero de montaña, esta lleno de hoteles,
hostels,
aparthoteles,
hosterías, hospedajes, tiendas, agencias de viajes, el cerro Catedral y las pistas de esquí, bares y boliches, y es uno de los destinos preferidos de los viajes de estudiantes, muy graciosos porque alquilan ropa de esquí y van todos uniformados. En
Bariloche dormimos en el
Periko's por 45 pesos la noche, un
hostel de puta de puta madre, con habitaciones cubiertas de madera, calefacción a tope, luces
individuales para poder leer por la noche, baño privado y una buena cocina donde preparamos unos
ñoquis guarros, seguramente crudos por culpa de una porteña que al rato de ponerlos nos dijo que si flotaban es que estaban hechos, y como ninguno de los dos los
habíamos hecho antes le
creímos, retiramos del fuego y chiquillo, que malos estaban, estuve por tirarlos al agua otra vez...
El segundo
día compramos embutidos y pan y nos fuimos a dar una vuelta por la zona,
subimos al cerro Campanario desde donde se ven unas vistas
increíbles,
Ray dice que es como Suiza, pero como no lo conozco sigo pensando que es de lo mas bonito e impresionante que he visto nunca, después hicimos un
trekking, fumamos unos cigarros en una piedra a orillas del lago Perito Moreno y volvimos al
hostel. Por la noche prepararon un asado, 35 pesos sin bebida, fuimos al su
per y compramos dos botellas de buen de vino que bebimos con el asador mientras preparaba la cena, charlamos, fumamos y a la mesa. Una mesa de siete persona, con tres chicas
vegetarianas (una aspirante a actriz
austríaca que vive en el
Paral·
lel, una amiga suya y una inglesa que
había vivido en Barcelona), y una pareja de australianos, como nos pusimos, comimos hasta
reventar y
desabrocharnos el
cinturón,
ojú!
Al día siguiente dimos una vuelta por la ciudad y por la tarde tomamos un colectivo a El Bolsón, antiguo pueblo de
hippies en los 70's, con muy buena onda, una feria de artesanía muy importante y sin rastro de
hippies. En el pueblo nos instalamos en un
hostel que ni recuerdo como se llama ahora ni cuando
estuvimos allí, pero fue un acierto, la habitación era acogedora y grande, con una cama de matrimonio donde dormí de puta madre, y la familia que llevaba el
hostel un encanto, todo por 35 pesos. El primer día dimos una vuelta por el pueblo, fuimos a la oficina de turismo donde nos recomendaron un par de
trekkings que hicimos al día siguiente, ir a ver el
río Azul, el Indio , que no sé yo que concepto tienen de indio por aquí, pero eso no era un indio ni de coña, para indio el que se ve de camino a Granada, y la cascada Escondida. De vuelta al pueblo paramos en la cervecería El Bolsón donde probé una cerveza "casera" de frutas del bosque que no estaba mala.

El día que llegamos la mujer del
hostel nos comento que al días siguiente iban a preparar un asado y como no, nos apuntamos, nunca rechazamos estas propuestas la verdad, y este fue un asado
legen-
dario!! Tomamos dos cervezas mientras se hacía la carne, hablamos con
Claudio, el dueño del
hostel con el que hicimos migas, nos contó
batallitas, historias, bebimos vino y comimos mucho otra vez... Después del asado unos cuantos del
hostel, dos chilenos, un argentino, una americana y un suizo salimos un martes de marcha, fuimos al casino del pueblo donde apostamos fuerte a la ruleta, siete rojo, pero perdimos 20 pesos, y después a un bar donde invitamos a unas
minitas a cerveza, pero la tarde había sido larga y cuando todo empezó a dar vueltas me fui como pude al
hostel a dormir...
El último día en El Bolsón dimos una vuelta por la feria de artesanos e hicimos tiempo hasta tomar el colectivo a Puerto
Madryn por la noche. En la parada del colectivo conocí a un chico que estudia
INEF en
Lleida y a
Javi que nos iba a acompañar en el viaje hasta El Calafate.
La Región de los Lagos ha sido sin duda lo que mas me ha gustado del viaje.