En Buenos Aires estuve dos veces, mis primeros días en Argentina y mi última semana, y la verdad es que me gustó más la segunda vez, pero a primera vista la ciudad me pareció un Madrid sucio, descuidado y caótico.
La ciudad de Buenos Aires tiene alrededor de 3 millones de habitantes y su área metropolitana unos 12 millones de habitantes, un cuarto de la población total de Argentina vive en la región de Gran Buenos Aires.
Buenos Aires es enorme y no te la acabas en las dos semanas que estuve, es una ciudad fascinante que hay que visitar aunque tenga peros. Tienes que visitar San Telmo y rebuscar entre las tiendas de antigüedades donde puedes encontrar un póster original de Acorralado, entrar en el mercado y mirar la ropa de segunda mano, descansar en la plaza Dorrego y tomar un café mientras una pareja baila tango, ir un domingo y pasear por el mercadillo en busca del regalo perfecto, perderte por las callejuelas y encontrar el Casal de Catalunya (bastante reivindicativo por cierto), comer en cualquier de los cientos de restobares que hay, y entrar en las tiendas de ropa de diseño.
Las distancias en la ciudad son bastante largas, puedes tomar un bus, hay cientos de ellos por toda la ciudad que hacen un ruido muy característico, agarrar el subte, el metro de la ciudad con cinco líneas cada cual más vieja y cutre, asientos de madera, ventanillas abiertas para la circulación del aire y bombillas para iluminarlo, pillar un taxi que salen baratos o patear como un condenado por la ciudad.
Yo no pude ir al teatro y ahora me arrepiento, pero me di unas cuantas vueltas por la calle Corrientes, con sus cines, librerías y teatros, vi el Gran Rex de la canción de Sabina, paseé por Santa Fe y Cordoba, crucé haciendo una parada 9 de julio, me faltó la Boca, ver el estadio River, dar mas vueltas por los parques de Palermo y muchas cosas más.
Buenos Aires es una ciudad para perderse, empezar a caminar y fliparlo con todo, lo bueno y lo malo, y no distraerse porque pueden meterte el palo.
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