Península Valdés es una reserva natural al sur este de Argentina donde cantidad de bichos van a aparearse y reproducirse, ballenas, orcas, lobos de mar, elefantes marinos, pingüinos y otras especies.
El viaje a Puerto Madryn fue fantástico, en coche cama, un asiento que se reclina unos 200 grados y comodísimo, el mejor viaje de todos en Argentina aunque la peli fue un poco sosa, En busca de la felicidad. Llegamos a la terminal y fuimos a desayunar al bar, un cafecito con medias lunas y cuando salió el sol nos dirigimos al hostel que nos recomendaron en El Bolsón, la Posada del Catalejo. En esta etapa se añadió un nuevo componente, Javi, un chico de Toledo, que estudió en Salamanca y ahora trabaja en Cuenca, un poco rarito pero buena gente.
Puerto Madryn es una ciudad costera, con mucho turismo por las ballenas que se ven desde la playa mismo, con una industria conservera de pescado y mariscos importante que lanza los desperdicios allí al lado y ha provocado un incremento considerable del número de gaviotas, y una fábrica de tratamiento de aluminio inmensa. En Puerto Madryn no hay mucho que hacer, ir de compras, visitar el casino, dar paseos por la playa, donde al fondo ves ballenas saltar o sacar la cola, y acercarte al muelle donde las ves todavía mas cerca. El primer día miramos de alquilar un auto, pero Rulos es un poco cagueta y se tiró pa tras, y la verdad es que fue lo mejor, tomamos unos taxis y fuimos a ver la lobería, una reserva de fauna con montón de lobos de mar vagueando, gritando y peleándose, muy interesante, llegar, mirar, hacer unas fotos, mirar e irte. De vuelta al pueblo el taxista nos dejó en un restaurante a lado del puerto y comimos de puta madre, una cazuela de mariscos, parecida a la zarzuela de mi madre, muy, muy rica. Por la tarde tomamos otro taxi y fuimos a la playa del Doradillo a ver ballenas, cantidad de gente en la playa viéndolas y siguiéndolas cámara en mano de un lado a otro, parecíamos tontos. Por la noche pasamos por una tienda de comida preparada y compramos unos tallarines con marisco, muy ricos, que comimos acompañados de Termidor, vino de brick. En Argentina te cobran el casco y siempre que compras una cerveza el precio se incrementa dos pesos y medio si no das una botella, con que decidimos comprar vino a partir de ese momento.
El segundo día contratamos una excursión a Península Valdés y un avistaje de ballenas. Nos pasaron a buscar por la mañana y dos horas después estábamos en Puerto Pirámides donde tomamos una lancha motora con 10 personas y nos hicimos a la mar en busca de ballenas para fotografiar. Las ballenas son una especie del hemisferio sur llamadas ballenas Francas Australes que se aparean y reproducen en Australia, Sud Africa y Península Valdés, muy confiadas y curiosas que se acercan a las embarcaciones tan tranquilas y por eso las mataban. Se acercaban al barco, las mataban y encima flotan, con que si no morían al instante la encontraban flotando por ahí. Tuve una ballena al alcance de la mano, pude estirar el brazo y tocarla, pero como no sabía si se podía hacer, pasé. También vimos a dos ballenas montárselo y a las gaviotas hijas de puta picarle a ballenas en la espalda para arrancarle cachos de grasa, que pena no llevar una escopeta de balines...
Después del avistaje nos dieron una vuelta por la Península que no esta mal, pero no era temporada alta de bichos y vimos algunos lobos y unos elefantes marinos tirados en la arena tomando el sol, ni orcas, ni delfines, ni pingüinos... con que si algún vez se acercan a Península Valdes vayan entre septiembre y noviembre que es cuando hay mas especies, y sino, hagan solo el avistaje de ballenas porque la Península tampoco es para tanto. Por la noche en el hostel conocimos a dos minas, una de Tierra del Fuego que trabajaba en un hostel de Ushuaia y una amiga suya de Rosario, con las que bebimos vino, charlamos sobre el viaje y nos recomendaron un hostel en El Calafate. Ese día acabé el libro de Lestat y compré el siguiente de la serie, La Reina de los Condenados.
El último día en Puerto Madryn, Rulos y Javi se fueron antes que yo y nos separamos. Ese día conocí a un catalán, un tipo de Barna que había ido a Argentina a hacer la temporada de esquí pero no encontró curro, que a la semana se lo robaron todo del hostel y que llevaba 2 meses viajando por la Patagonia.
En Puerto Madryn nos dejamos una pasta en tres días, pero valió la pena, las ballenas son increíbles, feunas, pero muy buenas.
El viaje a Puerto Madryn fue fantástico, en coche cama, un asiento que se reclina unos 200 grados y comodísimo, el mejor viaje de todos en Argentina aunque la peli fue un poco sosa, En busca de la felicidad. Llegamos a la terminal y fuimos a desayunar al bar, un cafecito con medias lunas y cuando salió el sol nos dirigimos al hostel que nos recomendaron en El Bolsón, la Posada del Catalejo. En esta etapa se añadió un nuevo componente, Javi, un chico de Toledo, que estudió en Salamanca y ahora trabaja en Cuenca, un poco rarito pero buena gente.
El segundo día contratamos una excursión a Península Valdés y un avistaje de ballenas. Nos pasaron a buscar por la mañana y dos horas después estábamos en Puerto Pirámides donde tomamos una lancha motora con 10 personas y nos hicimos a la mar en busca de ballenas para fotografiar. Las ballenas son una especie del hemisferio sur llamadas ballenas Francas Australes que se aparean y reproducen en Australia, Sud Africa y Península Valdés, muy confiadas y curiosas que se acercan a las embarcaciones tan tranquilas y por eso las mataban. Se acercaban al barco, las mataban y encima flotan, con que si no morían al instante la encontraban flotando por ahí. Tuve una ballena al alcance de la mano, pude estirar el brazo y tocarla, pero como no sabía si se podía hacer, pasé. También vimos a dos ballenas montárselo y a las gaviotas hijas de puta picarle a ballenas en la espalda para arrancarle cachos de grasa, que pena no llevar una escopeta de balines...
El último día en Puerto Madryn, Rulos y Javi se fueron antes que yo y nos separamos. Ese día conocí a un catalán, un tipo de Barna que había ido a Argentina a hacer la temporada de esquí pero no encontró curro, que a la semana se lo robaron todo del hostel y que llevaba 2 meses viajando por la Patagonia.
En Puerto Madryn nos dejamos una pasta en tres días, pero valió la pena, las ballenas son increíbles, feunas, pero muy buenas.
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