El colectivo hacia Mendoza salió puntual desde Tucumán, unas 16 horas de viaje junto a un tipo recio que me incomodo prácticamente toda el el trayecto hasta que se cambió de asiento y los dos estuvimos mas cómodos. El servicio un poco justo, la cena mala y las pelis chunguillas, la ultima del tipo de Gigolo, un peli carcelera de coña, y la última de Steven Seagal que cuando llegue a Lleida no dudaré en bajarme.
Al llegar a Mendoza ya me esperaba una mujer para ofrecerme su hostel, Casa Pueblo, con camas a 30 pesos. Me acerque al bar de la terminal, pedí un desayuno y fume unos cigarros pensando en lo que iba a hacer y donde dormir. Me decidí por el hostel de la mujercita y me acerque, una casita pintada de rojo y una puerta metálica verde junto a una gasolinera. Me instalé en la habitación interior, me recomendaron sitios a visitar por la ciudad y me largué. Mendoza, como tantas otras ciudades argentinas tiene un centro y una plaza, normalmente llamada Libertad o San Martin, la verdad es que los argentinos no se esfuerzan mucho en nombrar a sus calles y plazas, en todos los sitos tienen los mismo nombres, pero Mendoza tiene la peculiaridad de tener plazas en cada una de las esquinas del centro, Plaza España con azulejos andaluces y reformada por Repsol, Plaza Italia, Plaza Chile y Plaza San Martín. Paseando por la ciudad vi un vegetariano y no dude en entrar, la comida iba por peso y compre un kilo que comí rapidamente, pague, salí y continué con mi paseito, un poco mas adelante encontré una cafetería con terraza donde poder fumar, pedí un café con leche, leí el diario y al acabar me fui hacia el hostel. En el hostel leí un libro y al acercarse la noche salí en busca de algún sitio donde cenar, después de dar unas cuantas vueltas me encontré con el Mesón Espanyol y entre, unas papas con alioli, una milanesa napolitana y una botellita de vino que me costo una pasta. Era el día del amigo y estaba en un pseudo restaurante español curioseando la conversión de unos viejos inmigrantes que no decían nada interesante, pero necesitaba distracción.
Mi primer día en Mendoza fue un poco decepcionante, esperaba que la ciudad me gustase, pero no fue así. Tenia pensado largarme ese mismo día a Santiago de Chile, pero el paso estaba cerrado, o a el Valle de la Luna, pero justo en el momento en que me quería ir me encontré con un conocido de Salta y decidí quedarme unos días mas. Acompañado por el bombero hice la misma ruta del día anterior, en la plaza central nos encontramos con unos porteños que había conocido por la mañana en el hostel, hicimos unos mates, y nos fuimos a comer. Caminando hacia el parque entramos en un restaurante español, con banderitas con toritos, un tablao y muchas mierdas por el estilo. Para comer el plato del día, un guiso de carne con papas, rico, rico, rico. Con la panza llena seguimos nuestro camino hacia el parque, un par de indicaciones y ya estábamos allí, dimos una vuelta, encontramos un laguito, nos fumamos un cigarrito y el bombero se fue porque tenia frío. Me quede solo, di la vuelta al lago y me fui al hostel, de camino encontré una cafetería pija con terraza y me tome un café con leche mientras leía el periódico. Justo cuando acabe pasaron los porteños por delante y fuimos juntos hacia el hostel, previa parada por cada uno de los puestos de artesanía de la plaza. Por la noche nos juntamos todos y fuimos a cenar a un restaurante con parrilla libre, por 30 pesos nos jartamos de comer morcilla, chorizo, carne y chinchulines.
El día siguiente amaneció nevado, una fina capa de nieve cubría la ciudad y después de desayunar fuerte y abrigarnos en exceso nos fuimos todos al parque a ver el Cerro de la Gloria, un monumento de interés nacional en honor a San Martín y la campaña de los andes, la verdad es que muy bonito, con su historia y sus cosillas, pero mucho frio. Amaneció y siguio nevando durante toda la mañana, después por la tarde paró y en una hora toda la nieve desapareció. De vuelta al hostel tomamos un taxi para los cinco, ningún problema, compramos unos sandwich de salami y queso y a comer en el hostel. Unos tios chungos entraron pidiendo información para quedarse a dormir y los desgraciados putos aprovecharon para robar un par de cosas de la habitación de unos franceses, nno se quedaron, por supuesto. Por la noche Alfredo se curró un arroz de pollo muy rico y cenamos todos juntos con los porteños, el arroz salió rico y los porteños lo agradecieron en exceso.
Al día siguiente fuimos a ver el Aconcagua y el Puente del Inca, una excursión relámpago y con prisas todo el rato. Salimos a las 10 de la terminal, en un colectivo cutre con unos argentinos maleducados delante que escuchaban música por el mobil, una mierda de cumbia que me martilleaba la cabeza, amablemente pedí que parasen la música y así hicieron. Más tarde estos empezaron a dormir y estuve tentado de poner musica yo para joderlos, pero bueno, me comporté. De camino al mirador del cerro pasamos por un par de estaciones de esquí, lo mas cutre y feo que he visto nunca, un par de remontes y cuatro pistas que bajaban por la ladera, horribles... El cerro del Aconcagua lo vimos rápido, media hora de caminata con nieves hasta las rodillas, unas fotos desde el mirador, un cigarrito y de vuelta, que nos quedaban menos de dos horas para ir al Puente del Inca y comer algo. El puente es una construcción de piedra y barro de los incas que salva un rio y forma parte de la Ruta Inca, tiene un color amarillo por el azufre de sus aguas y hay un antiguao balneario que construyeron para aprovechar las aguas termales. El puente es verlo, hacer unas cuantas fotos e irse, y eso hicimos, despues un sandwich rápido y a tomar el colectivo de vuelta a Mendoza. Por la noche estabamos solos, los porteños se habían ido. Hicimos una ensalada en el hostel y vi por la televisión la versión argentina de Tienes Talento junto a un viejo que le encantaba y no paraba de opinar sobre las actuacions, no tiene desperdicio la versión argentina.
El último día en Mendoza no hicimos nada, esperar a que saliera el colectivo a media tarde. Comer, chupar mucha tele y leer. En Tucumán compré un libro y lo acabé en Mendoza donde compré otro, Lestat el vampiro que lo tengo en Lleida, pero vi un trozo de la película La reina de los condenados y me lo compré, los vampiros vuelven a estar de moda, entre True Blood, Crepúsculo y unas nuevas crónicos vampíricas.
Al llegar a Mendoza ya me esperaba una mujer para ofrecerme su hostel, Casa Pueblo, con camas a 30 pesos. Me acerque al bar de la terminal, pedí un desayuno y fume unos cigarros pensando en lo que iba a hacer y donde dormir. Me decidí por el hostel de la mujercita y me acerque, una casita pintada de rojo y una puerta metálica verde junto a una gasolinera. Me instalé en la habitación interior, me recomendaron sitios a visitar por la ciudad y me largué. Mendoza, como tantas otras ciudades argentinas tiene un centro y una plaza, normalmente llamada Libertad o San Martin, la verdad es que los argentinos no se esfuerzan mucho en nombrar a sus calles y plazas, en todos los sitos tienen los mismo nombres, pero Mendoza tiene la peculiaridad de tener plazas en cada una de las esquinas del centro, Plaza España con azulejos andaluces y reformada por Repsol, Plaza Italia, Plaza Chile y Plaza San Martín. Paseando por la ciudad vi un vegetariano y no dude en entrar, la comida iba por peso y compre un kilo que comí rapidamente, pague, salí y continué con mi paseito, un poco mas adelante encontré una cafetería con terraza donde poder fumar, pedí un café con leche, leí el diario y al acabar me fui hacia el hostel. En el hostel leí un libro y al acercarse la noche salí en busca de algún sitio donde cenar, después de dar unas cuantas vueltas me encontré con el Mesón Espanyol y entre, unas papas con alioli, una milanesa napolitana y una botellita de vino que me costo una pasta. Era el día del amigo y estaba en un pseudo restaurante español curioseando la conversión de unos viejos inmigrantes que no decían nada interesante, pero necesitaba distracción.
El día siguiente amaneció nevado, una fina capa de nieve cubría la ciudad y después de desayunar fuerte y abrigarnos en exceso nos fuimos todos al parque a ver el Cerro de la Gloria, un monumento de interés nacional en honor a San Martín y la campaña de los andes, la verdad es que muy bonito, con su historia y sus cosillas, pero mucho frio. Amaneció y siguio nevando durante toda la mañana, después por la tarde paró y en una hora toda la nieve desapareció. De vuelta al hostel tomamos un taxi para los cinco, ningún problema, compramos unos sandwich de salami y queso y a comer en el hostel. Unos tios chungos entraron pidiendo información para quedarse a dormir y los desgraciados putos aprovecharon para robar un par de cosas de la habitación de unos franceses, nno se quedaron, por supuesto. Por la noche Alfredo se curró un arroz de pollo muy rico y cenamos todos juntos con los porteños, el arroz salió rico y los porteños lo agradecieron en exceso.
Al día siguiente fuimos a ver el Aconcagua y el Puente del Inca, una excursión relámpago y con prisas todo el rato. Salimos a las 10 de la terminal, en un colectivo cutre con unos argentinos maleducados delante que escuchaban música por el mobil, una mierda de cumbia que me martilleaba la cabeza, amablemente pedí que parasen la música y así hicieron. Más tarde estos empezaron a dormir y estuve tentado de poner musica yo para joderlos, pero bueno, me comporté. De camino al mirador del cerro pasamos por un par de estaciones de esquí, lo mas cutre y feo que he visto nunca, un par de remontes y cuatro pistas que bajaban por la ladera, horribles... El cerro del Aconcagua lo vimos rápido, media hora de caminata con nieves hasta las rodillas, unas fotos desde el mirador, un cigarrito y de vuelta, que nos quedaban menos de dos horas para ir al Puente del Inca y comer algo. El puente es una construcción de piedra y barro de los incas que salva un rio y forma parte de la Ruta Inca, tiene un color amarillo por el azufre de sus aguas y hay un antiguao balneario que construyeron para aprovechar las aguas termales. El puente es verlo, hacer unas cuantas fotos e irse, y eso hicimos, despues un sandwich rápido y a tomar el colectivo de vuelta a Mendoza. Por la noche estabamos solos, los porteños se habían ido. Hicimos una ensalada en el hostel y vi por la televisión la versión argentina de Tienes Talento junto a un viejo que le encantaba y no paraba de opinar sobre las actuacions, no tiene desperdicio la versión argentina.