lunes, 27 de julio de 2009

Mendoza

El colectivo hacia Mendoza salió puntual desde Tucumán, unas 16 horas de viaje junto a un tipo recio que me incomodo prácticamente toda el el trayecto hasta que se cambió de asiento y los dos estuvimos mas cómodos. El servicio un poco justo, la cena mala y las pelis chunguillas, la ultima del tipo de Gigolo, un peli carcelera de coña, y la última de Steven Seagal que cuando llegue a Lleida no dudaré en bajarme.



Al llegar a Mendoza ya me esperaba una mujer para ofrecerme su hostel, Casa Pueblo, con camas a 30 pesos. Me acerque al bar de la terminal, pedí un desayuno y fume unos cigarros pensando en lo que iba a hacer y donde dormir. Me decidí por el hostel de la mujercita y me acerque, una casita pintada de rojo y una puerta metálica verde junto a una gasolinera. Me instalé en la habitación interior, me recomendaron sitios a visitar por la ciudad y me largué. Mendoza, como tantas otras ciudades argentinas tiene un centro y una plaza, normalmente llamada Libertad o San Martin, la verdad es que los argentinos no se esfuerzan mucho en nombrar a sus calles y plazas, en todos los sitos tienen los mismo nombres, pero Mendoza tiene la peculiaridad de tener plazas en cada una de las esquinas del centro, Plaza España con azulejos andaluces y reformada por Repsol, Plaza Italia, Plaza Chile y Plaza San Martín. Paseando por la ciudad vi un vegetariano y no dude en entrar, la comida iba por peso y compre un kilo que comí rapidamente, pague, salí y continué con mi paseito, un poco mas adelante encontré una cafetería con terraza donde poder fumar, pedí un café con leche, leí el diario y al acabar me fui hacia el hostel. En el hostel leí un libro y al acercarse la noche salí en busca de algún sitio donde cenar, después de dar unas cuantas vueltas me encontré con el Mesón Espanyol y entre, unas papas con alioli, una milanesa napolitana y una botellita de vino que me costo una pasta. Era el día del amigo y estaba en un pseudo restaurante español curioseando la conversión de unos viejos inmigrantes que no decían nada interesante, pero necesitaba distracción.



Mi primer día en Mendoza fue un poco decepcionante, esperaba que la ciudad me gustase, pero no fue así. Tenia pensado largarme ese mismo día a Santiago de Chile, pero el paso estaba cerrado, o a el Valle de la Luna, pero justo en el momento en que me quería ir me encontré con un conocido de Salta y decidí quedarme unos días mas. Acompañado por el bombero hice la misma ruta del día anterior, en la plaza central nos encontramos con unos porteños que había conocido por la mañana en el hostel, hicimos unos mates, y nos fuimos a comer. Caminando hacia el parque entramos en un restaurante español, con banderitas con toritos, un tablao y muchas mierdas por el estilo. Para comer el plato del día, un guiso de carne con papas, rico, rico, rico. Con la panza llena seguimos nuestro camino hacia el parque, un par de indicaciones y ya estábamos allí, dimos una vuelta, encontramos un laguito, nos fumamos un cigarrito y el bombero se fue porque tenia frío. Me quede solo, di la vuelta al lago y me fui al hostel, de camino encontré una cafetería pija con terraza y me tome un café con leche mientras leía el periódico. Justo cuando acabe pasaron los porteños por delante y fuimos juntos hacia el hostel, previa parada por cada uno de los puestos de artesanía de la plaza. Por la noche nos juntamos todos y fuimos a cenar a un restaurante con parrilla libre, por 30 pesos nos jartamos de comer morcilla, chorizo, carne y chinchulines.



El día siguiente amaneció nevado, una fina capa de nieve cubría la ciudad y después de desayunar fuerte y abrigarnos en exceso nos fuimos todos al parque a ver el Cerro de la Gloria, un monumento de interés nacional en honor a San Martín y la campaña de los andes, la verdad es que muy bonito, con su historia y sus cosillas, pero mucho frio. Amaneció y siguio nevando durante toda la mañana, después por la tarde paró y en una hora toda la nieve desapareció. De vuelta al hostel tomamos un taxi para los cinco, ningún problema, compramos unos sandwich de salami y queso y a comer en el hostel. Unos tios chungos entraron pidiendo información para quedarse a dormir y los desgraciados putos aprovecharon para robar un par de cosas de la habitación de unos franceses, nno se quedaron, por supuesto. Por la noche Alfredo se curró un arroz de pollo muy rico y cenamos todos juntos con los porteños, el arroz salió rico y los porteños lo agradecieron en exceso.

Al día siguiente fuimos a ver el Aconcagua y el Puente del Inca, una excursión relámpago y con prisas todo el rato. Salimos a las 10 de la terminal, en un colectivo cutre con unos argentinos maleducados delante que escuchaban música por el mobil, una mierda de cumbia que me martilleaba la cabeza, amablemente pedí que parasen la música y así hicieron. Más tarde estos empezaron a dormir y estuve tentado de poner musica yo para joderlos, pero bueno, me comporté. De camino al mirador del cerro pasamos por un par de estaciones de esquí, lo mas cutre y feo que he visto nunca, un par de remontes y cuatro pistas que bajaban por la ladera, horribles... El cerro del Aconcagua lo vimos rápido, media hora de caminata con nieves hasta las rodillas, unas fotos desde el mirador, un cigarrito y de vuelta, que nos quedaban menos de dos horas para ir al Puente del Inca y comer algo. El puente es una construcción de piedra y barro de los incas que salva un rio y forma parte de la Ruta Inca, tiene un color amarillo por el azufre de sus aguas y hay un antiguao balneario que construyeron para aprovechar las aguas termales. El puente es verlo, hacer unas cuantas fotos e irse, y eso hicimos, despues un sandwich rápido y a tomar el colectivo de vuelta a Mendoza. Por la noche estabamos solos, los porteños se habían ido. Hicimos una ensalada en el hostel y vi por la televisión la versión argentina de Tienes Talento junto a un viejo que le encantaba y no paraba de opinar sobre las actuacions, no tiene desperdicio la versión argentina.

El último día en Mendoza no hicimos nada, esperar a que saliera el colectivo a media tarde. Comer, chupar mucha tele y leer. En Tucumán compré un libro y lo acabé en Mendoza donde compré otro, Lestat el vampiro que lo tengo en Lleida, pero vi un trozo de la película La reina de los condenados y me lo compré, los vampiros vuelven a estar de moda, entre True Blood, Crepúsculo y unas nuevas crónicos vampíricas.

viernes, 24 de julio de 2009

Cambio y monedas

Una de las cosas que más me molesta en este país es el tema del cambio, la mayoría de establecimientos tienen verdaderos problemas en darte cambio según el billete que des, y la verdad es que para el turista es una putada porque los cajeros sueltan billetes de cien pesos y casi nadie puede darte cambio, tienes que preguntar antes y si no tienen, te jodes y tienes que ir a otro sitio.

También tienen problemas con las monedas, hay de 5, 10, 25, 50 céntimos de peso y de un peso, prácticamente nadie tienen monedas y como no pueden darte cambio te ofrecen otros productos, caramelos, sugus, chicles y otras mierdas, cuando te lo dan porque en las terminales redondean al alza y te estafan unos céntimos que van sumando y deben sacarse una pasta al cabo del tiempo. El tema de las monedas me tenía intrigado y un argentino me dio la respuesta, se ve que la gente las ahorra en grandes cantidades, después viaja a Bolivia, las vende y saca más dinero porque en ese país el valor del metal es mayor al valor monetario, y utilizan las monedas para fundirlas con el oro y bajarlo de ley, de 18 quilates a 14.

miércoles, 22 de julio de 2009

Cafayate-Quilmes-Tucumán






El 15 de julio Rayco y yo nos separamos, el canario tiró hacia norte y el catalán hacia el sur.



De Salta fui a Cafayate, 4 horas de viaje en un furgoneta, una parada de 10 minutos para fumar un pucho y hacia las 3 del mediodía en el destino. En la terminal tres relaciones públicas nos ofrecían diferentes hostels para dormir, llegué con la intención de quedarme en el Balcón y finalmente llegó el pibe del Balcón, me monté en la furgona y me acercó al hostel. Me instalé, 30 pesos la noche, y fui a comer algo. En el restaurante del mercado tomé pollo con arroz y un agua, acabando la comida vi como un conocido de Salta, Rulos, llegaba al hostel, me vio, se acercó, estuvimos un rato hablando y se fue. Por la tarde alquilé una bici para ir a ver las cascadas del río Colorado, a unos 6 kilómetros de distancia. Agarré la bici, empecé a pedalear por un camino amplio de ripio y una suave pendiente que me cansó muchísimo. El último tramo lo hice caminando, con la bici a cuestas, me dio por girarme y vi como se acercaba corriendo un pibe, se paro a mi lado y empezamos a charlar, le dije que iba a las cascadas y se ofreció a acompañarme. Dejé la bici en una casa e iniciamos el camino a las cascadas. Suerte que iba con guia porque sino seguro que me perdía. Por el camino nos encontramos a una pareja de argentinos perdidos y se engancharon a nosotros. Vimos las cascadas, muy bonitas, subimos un cerro y bajamos por detrás. Buen rollito con los argentinos, no paramos de charlar y después me acercaron al pueblo, pinché la rueda de la bici y pensé que tenía gafe. Por la noche conocí a dos navarros y tres chicas argentinas, estuvimos charlando y al rato me fui a dormir, la caminata de la tarde me había agotado.



Al día siguiente desayuné y fui a ver unas pinturas rupestres que hay en la zona, pasé de alquilar una bici y fui caminando, mucho mejor. Llegue a los 45 minutos, un chavalín me acompañó a lo que quedaba de las pinturas rupestres junto a la pintada de algún argentino gilipollas, le di dos pesos y unos chicles y me fui. De vuelta a Cafayate me encontré con los navarros y las argentinas, tomamos unas empanadas como aperitivo y más tarde comimos chivito al horno, y por la tarde excursión. Por 50 pesos te hacen un recorrido por la quebrada de las conchas, una autentica pasada, como la de Humauca, pero más espectacular y pequeña. Las montañas son de colores, rojas por el óxido del hierro, blancas por la arcilla, amarillas por el azufre y verdes por el cobre. Visitamos la Yesera, el anfiteatro y la garganta del diablo (parece que cada zona que se precie necesita tener una garganta del diablo).



Mi último día en Cafayate desayuné, hice la bolsa, pagué y me fui a las ruinas de Quilmes. Esperando el micro tomé un café y charlé con el camarero. Me monté en el micro y en una hora estaba en el desvío a las ruinas, dejé la mochila en una tienda de artesanías por dos pesos y empecé a caminar, al rato me levantó una familia y me acercó a Quilmes. Los indios Quilmes dieron mucha guerra a los españoles, estuvieron luchando décadas y una vez derrotados y sometidos los obligaron a ir a Buenos Aires caminando, los que llegaron se instalaron en la ciudad y formaron el barrio de Quilmes. El poblado está situado en la ladera de un cerro donde vivían en tiempos de paz y cuando venían los españoles subían a la montaña a verlos llegar, así estuvieron años y años. Las ruinas las vi rápido, fui caminando hasta el cruce y a hacer dedo, me pasé 3 horas hasta que me levantaron, acabé de leerme Factotum, fumé unos cuantos cigarros y pensé en mi mal kharma, creo que ahora pararé a mas autoestopistas.

La pareja de Rosario me llevo hasta Amaicha, un pueblito lindo donde quería pasar la noche, pero la espera me hizo cambiar de idea. En el pueblo busqué la oficina de turismo, tras unos cuantos intentos y diversas indicaciones fui a la terminal, compre un boleto a Tafí del Valle y en el bar de delante comí una milanesa, bebí una Salta negra fresquita y charlé con un argentino. El trayecto a Tafí fue más pesado de lo que esperaba y al llegar sobre las nueve hacía mucho frío y niebla. Pregunté en la terminal por un hostel que me habían recomendado y al cabo del rato conseguí encontrarlo. Me instalé, duché (me dijeron que me diese prisa porque el gas se congelaba por la noche) y pregunte por algún sitio donde comer. Justo delante del hostel había una viejita que servía comidas, pedí locro y me dio tres raciones, dos las comí por la noche y la otra para desayunar, la gente alucinaba.

En Tafí del Valle estuve una noche y una mañana, es un pueblito de montaña donde la clase alta de Tucumán se escapa los fines de semana, hay una avenida comercial donde hay tienditas, restaurantes y unas galerías, parece lindo pero pasé de quedarme más tiempo.

San Miguel de Tucumán es la capital de la provincia, tardé unas cuatro horas en llegar y lo primero que hice fue visitar la oficina de turismo donde estaba el viejito más tranquilo y pausado que he visto en Argentina, después de 30 minutos me había explicado los puntos más interesantes de la ciudad e indicado un hostel. El Hostel Tucumán está en la calle Buenos Aires, a diez cuadras de la terminal y a siete del centro, lo localicé sin problemas, me instalé y fui a dar una vuelta. La idea era llamar a unas chicas de Tucumán que conocí en Tilcara y salir la noche del sábado, pero no las localicé, compré el último libro del maestro de los best sellers de intriga, John Grishman, que me costó una pasta y volví al hostel. Empecé el libro y vi un rato la tele, ponían Gladiator en versión original, compré una cerveza y me puse a ver la peli, en un momento me quedé solo, me estiré en el sofá de piedra del comedor y me quedé dormido. Al despertar la peli había acabado, fui a la habitación y seguí durmiendo.

Al día siguiente me desperté pronto y descansado, desayune y fui a dar una vuelta por la ciudad. La ciudad es muy urbana, con un centro bonito y unos cuantos edificios históricos interesantes. Visité la casa histórica de la Independencia donde los gobernadores argentinos declararon la independencia a la Corona Española. La casita la reconstruyeron hace unas décadas porque se encontraba en un estado lamentable, estos argentinos tienen poca consideración hacia sus monumentos históricos, por suerte la sala donde declararon la independencia es la original. Después visité la catedral, compré el Clarín y lo leí tomando un café en una cafetería. Al acabar me encontré con unos vascos que conocí en Salta, me enganche a ellos y pasamos el resto del día juntos, comimos, charlamos y nos despedimos. A las siete salió en colectivo a Mendoza.

Tráfico

En Buenos Aires dicen que si alguien te cede el paso es que es uruguayo.

Llevo prácticamente un mes en Argentina y no estoy del todo seguro quien tiene preferencia. En principio y teóricamente tiene preferencia el de la derecha, pero no en todos los casos se cumple, después pensé que sería el que tiene el coche mas grande, pero he visto micros pararse para ceder el paso, finalmente un argentino me dio la respuesta: el que tiene menos de perder.

Obtener la licencia de conducir en Argentina no debe ser muy difícil, a las preferencias no le hacen caso, las señales son prácticamente inexistentes, tienen la obligación de llevar las luces puestas todo el día y si tienes antinieblas mejor, no tienen ningún problema en manejar con ellas, y otros temas seguro que no son importantes. Lo difícil debe ser aprobar el práctico, manejar no es muy complicado, pero hacerlo en una ciudad es un cachondeo, cuando alquilamos el auto en Salta iba asustado por las calles.

En Argentina las competencias de tráfico estan transferidas a las provincias y estas las delegan en las municipalidades que eligen la mejor forma para dar las licencias. En Rosario haces un curso teórico, un examen del curso, un curso práctico y un examen, hasta aquí ningún problema, pero si lo tienes siempre puedes ir a un pueblito cualquiera, pagar y obtener una.

En Argentina los accidentes de tráfico son la segunda causa de muerte en el país.

sábado, 18 de julio de 2009

Salta-Quebrada Humauca-Salta

Tomamos el colectivo en Puerto Iguazú hacia Salta, 22 horas de viaje que no se hicieron eternas gracias a las cuatro películas que pusieron. No hay nada mejor que ver To Fast To Furius 4 otra vez que verla en argentino, Vin Diesel no tiene el mismo carisma, después Crepúsculo, Señales del Futuro y para acabar la peli de Eastwood del niño desaparecido, ¿cómo pueden intentar colar un niño que no es a una madre? Durante el viaje nos dieron de comer, un sandwich de miga, y de cenar, un filete de pollo empanado con unas patatas medio crudas, no estuvo mal.



Al llegar a Salta nos asaltaron los relaciones públicas de los hostel, nos quedamos con el más barato, 25 pesos por persona en el Siete Duendes. La ciudad de Salta es Salta la linda, con un pasado colonial importante, creo que fue uno de los asentamientos más antiguos de los españoles, y la verdad no se donde ven lo de lindo en la ciudad. El centro son 10 cuadras cuadradas con restos de arquitectura colonial, el cabildo, y unas iglesias bastante bonitas, a parte de eso tiene la calle Balcarce, donde se concentran los boliches (como el Ibiza y el Amnesia) y las peñas (comedores turísticos con espectáculos folclóricos en directo, una pasta, no entramos). A parte del centro se puede visitar el cerro de San Bernardo, una montañita orgullo de la ciudad a la que se puede acceder por carretera, por una escalera con unos 1000 escalones y por teleférico. Tomamos el teleférico y Ray lo pasó fatal, tiene vértigo o un miedo extraño a las alturas. Al llegar a la cima, hay poco que ver, una vista panorámica de la ciudad y una vueltecita por la reserva natural del cerro por 3 pesitos con guía. La visita está interesante, pero no mata. El guía nos comentó que el cerro se está cayendo y que están un poco preocupados porque se van a quedar sin atracción turística, y también nos hizo un pequeño resumen sobre la fauna autóctona de la zona compuesta por alacranes, víboras, arañas (se ve que hay una araña grande como una naranja, no la vimos) y mosquitos en verano, cuando dijo lo de los mosquitos solté una pequeña carcajada, no podía creer lo que estaba escuchando. Después de la visita bajamos por las escaleras y nos comimos un buen locro acompañado de una humita y un tamal.



Si llegan a ir a Salta, no se pierdan el Museo Arqueológico de Alta Montaña. En 1999 una expedición formada por argentinos y chilenos, encabezada por un austríaco y con reportaje fotográfico del National Geographic subió al volcán Llullaillaco a 6700 metros de altura y encontró la tumba de tres niños de la época inca ofrecidos a los dioses junto a su ajuar. Un hallazgo arqueológico impresionante que se puede ver en el museo. Ah, por motivos de conservación "los niños del Llullaillaco" se exponen por separado y van rotando, cuando fuimos vimos la niña del rayo, porque se quemó en parte debido a un rayo que le cayó. Es impresionante, se mantienen en un estado de conservación increíble, los dientes, el pelo, la piel...






De Salta fuimos a la quebrada del Humauaca, alquilamos el auto más barato que encontramos en Dollar Rent a Car y a la carretera. Rayco se dejó la licencia en Buenos Aires y yo manejaba el auto, al menos en los trayectos más sencillos. Subimos hacia Jujuy por La Caldera, una carreterita de montaña estrechita muy linda, y de Jujuy, que pasamos de largo sin visitar, a la quebrada. Nos instalamos en Tilcara, un pueblito turístico con casas de adobe y techo de paja muy lindo, donde puedes visitar la Pucara, poblado inca reconstruido muy bonito, y la Garganta del Diablo. En Tilcara dormimos en el hostel Waira donde estaban preparando un asado el día que llegamos. El plan inicial se truncó tras el asado, el vino, el fernet y conocer el bar Los Tientos. La mañana siguiente se perdió totalmente, Rayco tuvo una resaca espantosa y no se despertó hasta las 2 del mediodía mas o menos, se duchó, bebió un poco de agua y agarramos el auto hacia Iruya.



Iruya es un pueblo que está en medio de un valle, a 60 kilómetros de la carretera, se llega por una pista que sube y baja y que se hace interminable, unas 2 horas. Llegamos, vimos un poco y nos fuimos, nos cogió la noche de vuelta y la verdad es que estaba un poco asustadillo, pincharemos? nos quedaremos sin gasolina? nos estamparemos? pero fue bien la cosa.






Al día siguiente desayunamos, agarramos el auto y fuimos a Purmamarca donde está el cerro de los siete colores y un mercado de artesanía muy bonito. De Purmamarca fuimos a San Antonio de los Cobres, llegamos en 3 horas después de subir a 4200 metros y recorrer la vieja 40, unos 100 kilómetros de vía consolidada, con un ripio decente. El trayecto de la 40 es aburrido y repetitivo, no hay ninguna señal que marque distancias ni nada, los pueblos se alimentan de energía solar, vimos llamas y burritos cruzar el camino y en medio de la nada había una mujer vendiendo artesanía, paramos, vimos, le dimos unos caramelos y un pastas, y seguimos nuestro camino. Al llegar a San Antonio de los Cobres comimos, llenamos el depósito y fuimos a ver la Polvorilla, una obra de ingeniería argentina, el puente de ferrocarril más alto de Argentina. De vuelta a San Antonio pinchamos, estuvimos un ratito con la rueda, el gato era un poco rudimentario y suerte de los minores que volvían de currar y nos ayudaron a cambiarla. Rayco agarró el coche y de vuelta a Salta, unos 160 kilómetros cuyos primeros y últimos kilómetros eran de ripio, una pasada, que mal rollo en el último tramo.

Otra vez en Salta fuimos al Siete duendes, nos instalamos de nuevo y a dormir. Al día siguiente cambiamos la goma, nos pusimos un poco duros con los del alquiler y nos devolvieron la fianza integra. Por la noche compramos unos buenos pedazos de carne, un buen vino y nos despedimos. Surgió la oportunidad de ir al Machu Pichu y Rayco se apuntó, era buena pero a mi no me apetecía, mi viaje es por Argentina y desplazarme a Perú me tomaría mucho tiempo.

martes, 14 de julio de 2009

Para beber en Argentina

Como la comida, en Argentina existe una gran variedad de bebidas.

Me ha sorprendido mucho el gusto que tiene esta gente por las bebidas gaseosas, les encanta la coca y el 7up, y bebidas parecidas como el agua con gas y la soda. Acá no existe la limonada y la fanta es mirinda, de un color naranja mas intenso.

La cerveza, como en España cada región Argentina tiene su cerveza. La Quilmes no está muy buena, la Stella se puede tomar, la Salta está rica, un poco suave pero buena, la Salta Negra muy fría está muy bien, no es tan fuerte como las negras europeas pero tiene un saborcito bueno, en Buenos Aires probé una cerveza casera que estaba... ahora estoy a la espera de viajar al sur para probar mas cervezas, en El Bolsón me han dicho que hacen las mejores cervezas caseras de toda Argentina, a ver, ya iré informando.

El vino aquí es algo espectacular, hasta el vino más guarro está bueno. Los cartones de vino no tienen nada que ver con el Don Simon, Gran Duque y otros vinos de minero que rondan por España. Le comento a los argentinos que el Termidor (el Don Simón local) está bueno y se ríen de mi, no se lo pueden creer, pero es la verdad. También me comentaron que por 10 pesos (unos 2 euros) tienes un buen vino, con que imagínense.

El Renso me recomendó el Fernet con cola y lo probé en segundo día después de una comida copiosa, Ray me dijo que es digestivo, y la verdad es que el primer trago es duro, el segundo es malo, y el tercero y el cuarto, pero bueno, como la mayoría de bebidas alcohólicas está malo pero te acabas por acostumbrar. Ahora me quejo un poco con el primer sorbo pero con mucha coca está bueno. Recuerden, no mezclen fernet con vino, Rayco puede asegurar que la resaca es cosa mala.

El café es flojito, aguado y dulce, pero está rico. Cuando estuve en Sevilla una de las cosas que me sorprendió y gustó fue que con el cafecito te daban un vasito de agua, aquí son más listos y te dan un vasito de soda. La leche esta buena, pero lo más curiosos es que siguen utilizando leche en polvo, yo la bebía de pequeño en casa de mis abuelos y hacía muchísimo tiempo que no la veía.

Gastronomía


No se porque extraña razón pensé que adelgazaría durante el viaje, supongo que pensaba un poco en Cuba y en la comida de mierda que nos dieron, pero Argentina no es lo mismo, aquí hay mucha variedad de comida buena.

Las milanesas (filete de ternera empanado, al plato sola o con guarnición o en sandwich, con suplemento de huevo y jamón y queso), los lomitos (lo mismo que la milanesa pero sin empanar, normalmente en sandwich con lechuga y tomate), toda variedad de sandwich, pebetes (sandwich de miga de pan de molde), tostaditos, el rico choripan (aquí el chorizo es diferente que en España, me han dicho que es mitad cerdo mitad ternera, no es de color rojo y se parece un poco a la longaniza), el bife, el vacio, las parrillas, los asados, la llama, la vaca, el cordero, comidas regionales como el locro (potaje de alubias y choclo, maiz fresco, con morcilla, chorizo y otras cosas), las humitas (choclo fresco con verduritas, presentado envuelto en una hoja de maiz) y el tamal (harina de maiz mezclado con carne), las empanadas (las de queso y jamon york no las recomiendo, son un poco pastosas), las sopitas y las facturas, los dulces son riquísimos y variados, mmm...

Fotos

Tranquilos que cuando vuelva a Lleida voy a maquear un poquito el blog.

domingo, 12 de julio de 2009

Iguazú






La idea era quedarnos un día más en San Ignacio, pero empezó a llover y emprendimos el camino. Agarramos el colectivo y directos a Puerto Iguazú.


Al llegar nos ofrecieron diversos alojamientos, estuvimos mirando precios y al final nos quedamos en el Residencial Noelia, ambiente familiar y acogedor, sin Internet pero 60 pesos la noche. El desayuno justito, un poco de pan, manteca, dulce de leche, café con leche y gelatina, ¿sabéis cuanto tiempo hacía que no comía gelatina? Tomé un cucharada y lo dejé.


La primera noche fue movidita, nos quedamos con las ganas de salir en San Ignació y en Puerto Iguazú arrasamos. La Lonely Planet explica que la marcha se concentra en la Av. Brasil y para allí fuimos, pasamos por un bar donde sonaba Sabina y nos quedamos, hicimos buena cuenta de tres Stellas y después a cenar. Un pibe nos ofreció una parrilla a buen precio con espectáculo en directo incluido, un grupo folklorico que tocó para nosotros solitos. La parrilla generosa y rica, vacio, chorizo, bife, costilla y morcilla, mmm... rica, rica. Al acabar la cena, volvimos al Bambú, conocimos a unas americanas que estaban estudiando castellano en Buenos Aires, había una chiquilla que con 19 años estaba aprendiendo a fumar, ya te vale quilla, a tu edad y con estas tonterías, ya no hace falta empezar a esa edad. En el Bambú tomamos un par de tragos y fuimos en busca del Hendrix que por desgracia estaba cerrado. Del Hendrix fuimos al Cubalibre, un boliche donde ponían cumbia, nos quejamos del pachangueo, pero la cumbia se las trae.

Después del Cubalibre nos fuimos para el hostel, empezamos a caminar y caminar y no nos sonaba nada, cruzamos un parque, que al día siguiente intentamos ir pero no encontramos, nos sentamos y hicimos una llamada a Isa, la despertamos, su dulce voz la delataba, y estuvimos una rato charlando. Finalizada la llamada emprendimos el viaje a casa y por fin nos ubicamos, dimos al boliche del que salimos 45 minutos antes. Una vez ubicados, empezamos a caminar en la dirección correcta, charlando y riendo, y de repente noto un coscorrón en la cabeza y veo a un pendejo corriendo con la mochila de Ray, empiezo a correr y seguirlo, me estaba muriendo, y veo como suelta la mochila, lo seguí un rato, pero estaba muy cansado y paré, me giré y vi a Ray a trote cochinero que recogía la mochila. Revisamos la mochila, no faltaba nada, solo le rompieron un asa y ya nos fuimos para el hostel, 5 minutos cagándonos en sus muertos y a dormir.

Al día siguiente fuimos a Iguazú, 60 pesos la entrada para extranjeros, y si vas un segundo día la entrada vale la mitad, una pasta pero vale la pena, el parque nacional de Iguazú es impresionante. Me han contado que el parque ahora mismo está mejor que en el pasado, hay más infraestructuras y esta pensado para el goze turístico. Hay un trenecito que te lleva al inicio del circuito superior e inferior, y a la garganta del diablo. Existe la opción de montarte en un barquito que te lleva río adentro hasta la caída misma de las cataratas, sale por unos 80 pesos, no lo pagamos pero para que lo sepan. Existe también el sendero Macuco, un trekking de 1 hora que te lleva al Salto Arrechea, mas chiquito que los otros pero en este te puedes bañar, con que si algún día van lleven una toalla y chanclas.

En Puerto Iguazo también se puede visitar el Hito Argentino, en la confluencia del rio Iguazú y Parana puedes ver Paraguay y Brasil, muy sorprendente porque desde el mismo sitio ves 3 países.

Estuvimos 3 días y 2 noches en Puerto Iguazú y nos fuimos con ganas y un poco cansados.

viernes, 10 de julio de 2009

San Ignacio









Después de unos días por Buenos Aires iniciamos nuestro viaje al norte, primera parada San Ignacio y las misiones jesuíticas. El viaje comenzó ajetreado, a quince minutos para la salida del colectivo no teníamos billete, preguntábamos por las taquillas y todo estaba completo, ya abatidos y con intención de volver a casa, encontramos andesmar, dos billetes por unos 200 pesos, y en cinco minutos ya estábamos montados y en marcha.

Aquí los autobuses, colectivos u ómnibus no tienen nada que ver con el sufribus, alsa, damas, lax, alsina graells ni parecidos, aquí son de dos plantas, en cama o semicama, donde se puede dormir perfectamente, y donde se sirve comida. Para cenar un sandwich, una lasaña, un alfajor y 7up (como le gustan las gaseosas a esta gente), y después una peli, "Ángeles y demonios" que no es tan mala como pensaba, al menos la parte que vi hasta antes de dormirme.

Al día siguiente llegamos a San Ignacio, en la parada nos recibió Michael, un chavito rubio que nos cameló. Al decir su nombre, me sonó a Maicol, a Perdidos, a Corleone, y no pudimos negarnos a nada que nos ofreció: una habitación en su hotel por 60 pesos y un taxi para ir a ver las misiones de Loreto y Santa Ana.

Las misiones son un experimento social de los jesuitas en el norte de Argentina, Paraguay y Brasil. Los curitas fundaron "reducciones" donde establecieron comunidades de guaraníes a los que evangelizaron y educaron mientras que, al mismo tiempo, los protegían de la esclavitud y de las influencias malignas de la sociedad colonial (Lonely Planet). En cada misión había dos jesuitas que se reunían cada día con los caciques (el gran logro de las misiones fue mantener las estructuras de poder guraníes y aprender su lengua para relacionarse) para informar del orden del día, cada guaraní tenía un pedazo de tierra que cultivaba durante tres días, otros tres días los dedicaba a tareas de la misión y el séptimo supongo que descansaba, ¿no? Los niños eran educados y evangelizados, cuando crecían eran formados en diferentes oficios y los que cursaban la educación entera llegaban a ser profesores de sus propias misiones. Si alguien ha visto La Misión, la peli hace referencia a los últimos días de las misiones jesuíticas. La misión de San Ignacio es la que se conserva mejor, pero me gusto mucho más la de Santa Ana porque la guía se lo curró y nos explicó muy bien la organización de la sociedad, las diferentes zonas de la misión y su funcionamiento. Una visita recomendada.

San Ignacio pueblo no es nada del otro mundo, casitas, terrenos, tiendas, bares, kioskos, etc... La vida nocturna esta muy limitada, antes estaba el Troya pero lo cerraron y ahora toda la actividad se concentra en la plaza, donde los chavitos hacen botellón, y en el casino, no sabía que los argentinos eran tan aficionados al juego y la verdad es que en casi todos los sitios que hemos visitado hay uno, la cual cosa no dice mucho de la sociedad argentina.

El hostal no estaba mal, la habitación amplia y con vistas a la misión de San Ignacio, el lavabo cutre, estuve 5 minutos esperando a que se calentase el agua, cagándome en Maicol, hasta que Ray me comento que a veces los grifos están al revés. ¿Cómo no iba a estar el agua caliente en el grifo izquierdo? Lo mejor del hostal el desayuno, unas medias lunas ricas y recién hechas, un jugo de naranja natural, tostaditas, manteca, dulce de leche y cafecito con leche, que pena que esté prohibido fumar en los bares y de más, sino desayuno completo.

hola sílvia

Aquest és el meu blog sobre el viatge que estic realitzant per Argentina, on informaré dels llocs que estic visitant, les aventuretes del trajecte i altres coses. Espero que t'agradi i que m'aprovis.