miércoles, 26 de agosto de 2009

Argentina

Argentina me ha gustado mucho, las ciudades por lo general son feas, pero los paisajes son increíbles, es un país lleno de contrastes y sitios espectaculares, Iguazú, el Perito Moreno, las Ballenas y la zona de Salta tienen que verse, cada cual más interesante y bonita, y la región de los Lagos también.
El cambio es favorable, 5 a 1, y como comentaba un navarro que conocí se puede venir con la extra, la comida, la bebida y el alojamiento son baratos, comer 5 euros, comer muy bien 10, dormir entre 6 y 10 euros, una cerveza de litro 2 euros y el paquete de tabaco 1. La ropa, la cultura y la entrada a parques nacionales son relativamente caras, no en el cambio pero si en proporción, con lo que cuesta un libro nuevo puedes dormir dos días y con el precio de la entrada a Iguazú comes hasta reventar.
Las distancias largas, es un país de unos 5000 kilómetros de largo y unos 3000 de ancho, y los trayectos son de 10 horas como mínimo. Los viajes no son caros, de Iguazú a Salta fueron 40 euros un día entero de viaje, te dan de comer y son cómodos, se puede descansar y estas entretenido con las pelis.
Los argentinos son buena gente, agradables, simpáticos, divertidos y habladores, es relativamente fácil hacer amistad con ellos, conocí a unos cuantos y me lo pasé muy bien. Son un poco exagerados y a veces mienten más que hablan, pero bueno.
Respecto a la seguridad, puedes andar tranquilo por Argentina, sin despistarte ni hacer ostentación, pero es un país relativamente seguro, tuvimos un susto con Ray pero nos la estábamos buscando, y en Mendoza entraron a robar al hostel y se llevaron el bolso y la cámara de una chica, hay que tener cuidado en las ciudades pero los pueblos son tranquilos.
En definitiva, no he conocido toda Argentina, pero casi, me faltan Rosario, Córdoba, Mar del Plata y la Pampa, me lo he pasado en grande, he visto cosas impresionantes, he adelgazado 3 kilos con todo lo que he comido y me he quedado con las ganas de volver y conocer la Patagonia con más tranquilidad.

Hostels



En mis cinco semanas de paseito por Argentina he dormido en unos cuantos hostels y estas son mis calificaciones, por si a alguien les interesa y quiere tomar nota para un futuro viaje al país.




En San Ignació de Miní dormimos en el hotel del sol o algo así, ahora ni en su momento recordé su nombre exacto, justo al lado de la misión. La habitación y el lavabo eran cutres, el servicio escaso, sin computadoras pero con conexión wifi y el desayuno muy completo y bueno, el precio, 30 pesos, no está mal pero vimos un hostel inn en el pueblo que tenía mejor pinta. Recomendado a medias.




Puerto Iguazú es un destino turístico muy importante por las cataratas, hay un montón de hostels y residenciales, y creo que fuimos a parar al más soso de todos. El residencial Noelia tiene unas habitaciones decentes, un cuarto de baño pasable y un desayuno escaso, sin conexión wifi ni computadora, el precio no está mal, 30 pesos, pero seguro que hay de mejores. No recomendado, date una vuelta por el pueblo y busca uno mejor.




El hostel Siete Duendes de Salta es uno de los mejores en los que he estado, no por servicio y habitaciones, sino por la onda del lugar, lo agusto que me he sentido y por la gente que conocí. Allí comimos nuestro primer asado con la gente del hostel, la familia que lo lleva era muy amable, los desayunos abundantes y se podía fumar. Los lavabos eran compartidos y estaban mas o menos limpitos, y con una buena computadora y conexión. Por precio, 25 pesos, ambiente y compañía lo recomiendo.




En Tilcara nos hospedamos en el hostel del Vazco, un tipo de descendientes vascos que tiene un par de hostels en Argentina, muy vacilón y buena gente, yo era el catalán y Ray el canario. El lugar es bonito, caro y si quieres desayunar te lo preparas tu mismo, con internet y ordenador, está bueno porque hicimos un asado y nos lo pasamos en grande, pero me hablaron del hostel Albahaca que es más barato y también está guai. Recomendado a medias.




Rulos me recomendó El Balcón en Cafayate y al llegar al pueblo esperé al relaciones públicas del hostel a que me entrase en la terminal. Me llevaron en furgoneta y me trataron muy bien, el hostel no está mal, dormitorios espaciosos, en literas con baños compartidos, zonas comunes cuidadas y una terraza en la azotea para descansar, tomar un café y fumar un cigarro mientras ves las montañas, pero con un ambiente muy internacional y porculero. El precio normal, 35 pesos, ofrecen muchos servicios, pero sin ordenador, y excursiones. Recomendado.




En Tafí del Valle pase una noche en el Nomades, está un poco lejos de la terminal y puedes perderte, pero esta guai, la familia que lo lleva muy amable, dormitorios compartidos decentes, lavabos de estos que el plato de ducha es el suelo, desayuno normal y precio normal, 35 pesos. Recomendado, no estuve mucho tiempo pero tenía buena pinta.




El hostel Tucuman en San Miguel de Tucuman lo recomiendo, está bueno. Es una casa reformada, con un patio central y otro en el fondo, los dormitorios son grandes, los lavabos compartidos y las zonas comunes cuidadas, con internet, ordenador y tele por cable, a seis cuadras del centro, con desayuno rico, precio estándar y una nevera surtida de bebidas a muy buen precio, esta bueno.




En Mendoza ves a Casa Pueblo, un hostel familiar cerca de la terminal, con bares, restaurantes y supermercados próximos. Si alguien va que coja la habitación interior, la que da al salón que es silenciosa y cómoda, los lavabos son compartidos, la cocina completa, el salón grande y un pequeño patio al fondo donde puedes fumar. La familia que lo lleva es muy agradable, del partido humanista y habladora, como en casa.




En San Martín de los Andes todo parece caro y lo es, dormimos en el hostel Puma y nos cobraron 65 pesos, al decir el precio no lo podía creer y la verdad es que no los vale. El servicio es atento y educado, los dormitorios de seis camas con lavabo propio y calefacción a tope, pero con un ordenador de mierda y un ambiente muy profesional, están por el negocio y ya está. Yo buscaría otro hostel donde dormir.




El Periko's en Bariloche es muy recomendable, 45 pesos la noche, un poco carete, pero el hostel esta cuidado y limpio, las habitaciones recubiertas de madera, con calefacción y lavabo propio, con ordenadores y tele por cable, y un servicio profesional pero cercano y agradable. El asado que hacen es un negocio, son 35 pesos sin bebida, pero el asador y su mujer eran muy simpáticos y estuvimos charlando un rato con ellos.




Si alguien va a El Bolsón alguna vez que vaya directamente a casa de Claudio, el hostel Pehuenia en la calle Azcuénaga 140, está de puta madre. Las habitaciones son espaciosas y luminosas, los cuartos de baño compartidos y decentes, el salón grande con ordenador, wifi y tele por cable, y la familia es muy agradable y cariñosa. Nos hicimos con todos, con Claudio estuvimos hablando horas mientras preparaba el asado y nos explicó muchas cosas, me fui encantado del hostel y con ganas de volver en un futuro.




En Puerto Madryn dormimos en la Posada del Catalejo, buen servicio, cómodo, limpio y agradable. Dormitorios compartidos para ocho personas y un lavabo un poco alejado y un poco justo. Te informan de todo y más, 35 pesos la noche, no está mal.




Si andas por sudamérica y encuentras un hostel Che, Lagarto entra sin pensarlo, están de puta madre y se ve que casi todos son iguales y ofrecen los mismos servicios. Es un ambiente muy profesionalizado y es un negocio, pero en El Calafate estuvimos súper bien. Tienen muchos servicios, incluida la Play 3 y unos cuantos juegos molones, los cuartos pequeñitos pero agradables y con lavabo propio, los desayunos son completos y el personal muy agradable. 35 pesos la noche muy bien gastados.




Por último dejo el mejor de todos, el hostel del hippie de El Chalten, no recuerdo el nombre pero está en la otra punta del pueblo, antes de llegar al sendero que te lleva al mirador del Fritz Roy a la izquierda. Lo tenía hecho una mierda, pero tenía su que, la cabaña no estaba mal, pero con pulgas, y no nos duchamos en un par de días porque el cuarto de baño lo utilizábamos como nevera, la ventanilla tenía un agujero por donde se colaba el frío gélido de fuera, la estructura no estaba aislada y la calefacción no llegaba a calentar del todo, pero estaba bueno. Recomendado solamente por conocer a Hugo y pasar un rato charlando con el, no tiene desperdicio.




lunes, 24 de agosto de 2009

Buenos Aires

En Buenos Aires estuve dos veces, mis primeros días en Argentina y mi última semana, y la verdad es que me gustó más la segunda vez, pero a primera vista la ciudad me pareció un Madrid sucio, descuidado y caótico.




La ciudad de Buenos Aires tiene alrededor de 3 millones de habitantes y su área metropolitana unos 12 millones de habitantes, un cuarto de la población total de Argentina vive en la región de Gran Buenos Aires.




Buenos Aires es enorme y no te la acabas en las dos semanas que estuve, es una ciudad fascinante que hay que visitar aunque tenga peros. Tienes que visitar San Telmo y rebuscar entre las tiendas de antigüedades donde puedes encontrar un póster original de Acorralado, entrar en el mercado y mirar la ropa de segunda mano, descansar en la plaza Dorrego y tomar un café mientras una pareja baila tango, ir un domingo y pasear por el mercadillo en busca del regalo perfecto, perderte por las callejuelas y encontrar el Casal de Catalunya (bastante reivindicativo por cierto), comer en cualquier de los cientos de restobares que hay, y entrar en las tiendas de ropa de diseño.




Plaza de Mayo es una parada obligatoria, con la casa Rosada y un campamento de excombatientes de la guerra de las Malvinas, el edificio del Banco de la Nación al fondo, y una catedral muy modernilla al lado. Una vez vista puedes darte una vuelta por la calle Florida, para saciar tus ansias consumistas en la calle peatonal de las tiendas, con tiendas de piel, de zapatos, souvenirs, y al fondo las galerías Pacífico, un centro comercial enorme y muy lindo. También puedes encontrarte a una vieja vestida de caperucita repartiendo publicidad de un sex shop, para fliparlo!




Las distancias en la ciudad son bastante largas, puedes tomar un bus, hay cientos de ellos por toda la ciudad que hacen un ruido muy característico, agarrar el subte, el metro de la ciudad con cinco líneas cada cual más vieja y cutre, asientos de madera, ventanillas abiertas para la circulación del aire y bombillas para iluminarlo, pillar un taxi que salen baratos o patear como un condenado por la ciudad.




El barrio de la Recoleta está chulo, fui un par de veces y me encantó. Lo descubrí el primer día que volví a Buenos Aires porque fuimos a ver una exposición de Star Wars y me fascinó, después un par de veces más, al cine, a ver los edificios característicos de la zona y al cementerio, para caerse de culo, paga los 6 pesos que te pide la señora de la entrada por un mapa y pide a un guía que te lo enseñe porque es impresionante, los mausoleos, las capillitas y toda la gente importante enterrada allí, desde Evita hasta la mayoría de gente que sale en los billetes, una visita muy recomendada. Al salir, puedes seguir todo recto e ir a tomar una birras caseras en una cervecería que hay delante.




Yo no pude ir al teatro y ahora me arrepiento, pero me di unas cuantas vueltas por la calle Corrientes, con sus cines, librerías y teatros, vi el Gran Rex de la canción de Sabina, paseé por Santa Fe y Cordoba, crucé haciendo una parada 9 de julio, me faltó la Boca, ver el estadio River, dar mas vueltas por los parques de Palermo y muchas cosas más.




Buenos Aires es una ciudad para perderse, empezar a caminar y fliparlo con todo, lo bueno y lo malo, y no distraerse porque pueden meterte el palo.

El Calafate




El último día en Puerto Madryn Alfredo, Javi y yo nos separamos, ellos se fueron antes con destino El Calafate y yo partí horas más tarde con la idea de ir a Ushuaia. Durante las horas que pasé tirado en el hostel, le di caña a La Reina de los Condenados, mi quinto libro del viaje, y conocí a otro catalán. Como no, yo era el primero que veía en sus meses por la Patagonia, los pocos que conocí me decían siempre que era el primero, me contó su viaje y estuvimos charlando sobre mi acento catalán, lo raro que suena y los castellano parlantes... cuando me cansé, lo corté y fui al salón a seguir leyendo a la espera de la hora de partida.

El viaje hacia Río Gallegos fue una mierda, mi compañero era un argentino cabrón recio al que le gustaba estar cómodo, con los brazos en jarra y ocupando mucho espacio, me tuvo arrinconado todo el viaje. La esperanza de los semi camas es que la gente se baje en una parada intermedia, se vacíe el bus y la gente se reubique para estar todos más cómodos, pero ésto pasó al final del viaje y mi única opción fue rendirme, dejar mi asiento, ir hacia las escaleras y quedarme dormido allí. La cena no estuvo mal y pusieron Post Data te quiero, está guai, me gustó y un poco más y lloro en dos escenas...

Llegue a Río Gallegos sobre las ocho treinta de la mañana, con la idea de tomar un colectivo a Tierra del Fuego, pero todos salen a las ocho y solo hay uno por día. Pensé en pasar noche en la ciudad, pero me habían comentado que era muy fea y decidí irme directo a El Calafate y pasar de Ushuaia. Compré el billete, fui a la cafetería que por suerte tenía zona de fumadores, y esperé tres horas a que saliese el colectivo.

El viaje a El Calafate fue aburrido y soso, el paisaje es pura estepa patagónica, malas hierbas, tierra, y poco más. Comí los alfajores guardados de mis viajes anteriores y me tragué Alvin y las ardillas, y Madagascar 2. Al llegar al pueblo me dirigí directamente al hostel que nos habían recomendado dos argentinas, el Che Lagarto, y al entrar me encontré de nuevo con Rulos y Javi, contraté la excursión para ver el Perito Moreno al día siguiente, me instalé en su habitación, duchazo y a descansar. Por la noche pasamos por La Anónima, compramos un pollo asado, una ensalada para cenar, y embutido y pan para el almuerzo.

Al día siguiente madrugamos, desayunamos fuerte y nos pasaron a buscar puntuales para ir al Perito Moreno, el glaciar más famoso de Argentina por su accesibilidad, llegas en carretera, hay pasarelas y miradores, y esta a unos 50 metros de ti, y por ser el único, creo, que sigue avanzando. El glaciar crece cada día y avanza hacia la orilla, cuando toca a tierra, forma un tapón en el lago que irrumpe la circulación del agua, provocando el aumento del nivel del agua en uno de los lados hasta el punto que la presión del agua revienta el hielo, formando un puente que acaba por romperse, los famosos desprendimientos, y vuelta a empezar. El Perito es muy impresionante enorme, de muchos colores y puedes pasarte horas y horas mirándolo, flipándolo y esperando a que caiga algún trozo de hielo al agua.

Al llegar de la excursión compramos los billetes para la siguiente parada del viaje, El Chaltén, un pueblo joven, de unos 40 años, en medio del Parque Nacional de los Glaciares. En una de las múltiples disputas limítrofes entre argentinos y chilenos, se decidió colonizar la zona para acabar con el lío. El Chaltén es famoso además por ser el punto de partida para subir el Fritz Roy y el Cerro Torre, dos símbolos del montañismo a nivel mundial, subidos en los 50' y en 1976 respectivamente. Durante el trayecto paramos en la Hostería la Leona, donde el siglo pasado pasaron unos días Butch Casady y Sundance Kid, antes de robar un banco e irse a Bolivia, este par de ladrones de bancos pasaron una temporada por estas tierras en una granja.

Al llegar a El Chalten preguntamos por algún hostel barato y nos recomendaron el más guarro de todos, llevado por una pareja de hippies que alucinas, y desordenado a tope, por suerte el tipo se portó, como no, y nos dejó una cabaña de puta madre para los dos, pero con pulgas, nos dimos cuenta al irnos. El pueblo está bonito, pero estaba medio vacío por ser temporada baja, y con un solo supermercado, lo que reduce drásticamente las posibilidades culinarias y la dieta de la gente del pueblo. El segundo día hicimos un trekking, fuimos al mirador del Fritz Roy y como hacía frío y mal tiempo nos volvimos al rato, estuvo guai, llegamos, conocimos a dos de Jaén y una pareja de catalanes, nos hicimos la foto y a casa para comer. Por la tarde vimos unas pelis, charlamos con el hippie y su teoría de la conspiración, el gran quilombo y la sociedad de recursos, el plan de las clases dominantes de reducir la población a 500 millones y sus mentiras, la creación de la gripe A por esta gente y como en octubre sale una nueva cepa más potente porque ésta les ha salido flojita, y de más historias, me puso la cabeza como un bombo.

El último día queríamos hacer un trekking al Cerro Torres, pero ameneció con un tiempo muy feo y nos quedamos en la cabaña, por la tarde tomamos el colectivo y nos volvimos a El Calafate, era un viernes y yo tomaba un avión el domingo. Me pase un día y medio en el che lagarto, calentito, cómodo, jugando a la play 3 y al fight night, viendo pelis y descansando.

El domingo me desperté temprano, desayuné, me recogieron y me llevaron al aeropuerto, donde tomé el avión y en tres horas ya estaba en Buenos Aires, uno de los caprichos que me permití durante el viaje.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Península Valdés



Península Valdés es una reserva natural al sur este de Argentina donde cantidad de bichos van a aparearse y reproducirse, ballenas, orcas, lobos de mar, elefantes marinos, pingüinos y otras especies.

El viaje a Puerto Madryn fue fantástico, en coche cama, un asiento que se reclina unos 200 grados y comodísimo, el mejor viaje de todos en Argentina aunque la peli fue un poco sosa, En busca de la felicidad. Llegamos a la terminal y fuimos a desayunar al bar, un cafecito con medias lunas y cuando salió el sol nos dirigimos al hostel que nos recomendaron en El Bolsón, la Posada del Catalejo. En esta etapa se añadió un nuevo componente, Javi, un chico de Toledo, que estudió en Salamanca y ahora trabaja en Cuenca, un poco rarito pero buena gente.

Puerto Madryn es una ciudad costera, con mucho turismo por las ballenas que se ven desde la playa mismo, con una industria conservera de pescado y mariscos importante que lanza los desperdicios allí al lado y ha provocado un incremento considerable del número de gaviotas, y una fábrica de tratamiento de aluminio inmensa. En Puerto Madryn no hay mucho que hacer, ir de compras, visitar el casino, dar paseos por la playa, donde al fondo ves ballenas saltar o sacar la cola, y acercarte al muelle donde las ves todavía mas cerca. El primer día miramos de alquilar un auto, pero Rulos es un poco cagueta y se tiró pa tras, y la verdad es que fue lo mejor, tomamos unos taxis y fuimos a ver la lobería, una reserva de fauna con montón de lobos de mar vagueando, gritando y peleándose, muy interesante, llegar, mirar, hacer unas fotos, mirar e irte. De vuelta al pueblo el taxista nos dejó en un restaurante a lado del puerto y comimos de puta madre, una cazuela de mariscos, parecida a la zarzuela de mi madre, muy, muy rica. Por la tarde tomamos otro taxi y fuimos a la playa del Doradillo a ver ballenas, cantidad de gente en la playa viéndolas y siguiéndolas cámara en mano de un lado a otro, parecíamos tontos. Por la noche pasamos por una tienda de comida preparada y compramos unos tallarines con marisco, muy ricos, que comimos acompañados de Termidor, vino de brick. En Argentina te cobran el casco y siempre que compras una cerveza el precio se incrementa dos pesos y medio si no das una botella, con que decidimos comprar vino a partir de ese momento.

El segundo día contratamos una excursión a Península Valdés y un avistaje de ballenas. Nos pasaron a buscar por la mañana y dos horas después estábamos en Puerto Pirámides donde tomamos una lancha motora con 10 personas y nos hicimos a la mar en busca de ballenas para fotografiar. Las ballenas son una especie del hemisferio sur llamadas ballenas Francas Australes que se aparean y reproducen en Australia, Sud Africa y Península Valdés, muy confiadas y curiosas que se acercan a las embarcaciones tan tranquilas y por eso las mataban. Se acercaban al barco, las mataban y encima flotan, con que si no morían al instante la encontraban flotando por ahí. Tuve una ballena al alcance de la mano, pude estirar el brazo y tocarla, pero como no sabía si se podía hacer, pasé. También vimos a dos ballenas montárselo y a las gaviotas hijas de puta picarle a ballenas en la espalda para arrancarle cachos de grasa, que pena no llevar una escopeta de balines...

Después del avistaje nos dieron una vuelta por la Península que no esta mal, pero no era temporada alta de bichos y vimos algunos lobos y unos elefantes marinos tirados en la arena tomando el sol, ni orcas, ni delfines, ni pingüinos... con que si algún vez se acercan a Península Valdes vayan entre septiembre y noviembre que es cuando hay mas especies, y sino, hagan solo el avistaje de ballenas porque la Península tampoco es para tanto. Por la noche en el hostel conocimos a dos minas, una de Tierra del Fuego que trabajaba en un hostel de Ushuaia y una amiga suya de Rosario, con las que bebimos vino, charlamos sobre el viaje y nos recomendaron un hostel en El Calafate. Ese día acabé el libro de Lestat y compré el siguiente de la serie, La Reina de los Condenados.

El último día en Puerto Madryn, Rulos y Javi se fueron antes que yo y nos separamos. Ese día conocí a un catalán, un tipo de Barna que había ido a Argentina a hacer la temporada de esquí pero no encontró curro, que a la semana se lo robaron todo del hostel y que llevaba 2 meses viajando por la Patagonia.

En Puerto Madryn nos dejamos una pasta en tres días, pero valió la pena, las ballenas son increíbles, feunas, pero muy buenas.

jueves, 13 de agosto de 2009

Región de los Lagos

Durante el trayecto a San Martín de los Andes los argentinos me sorprendieron una vez más, en vez de poner la película de la tarde hicimos un bingo, ya he comentado la afición de esta gente por el juego y como los casinos son una atracción digna de mencionar en los mapas turísticos de las ciudades, pero lo del bingo me superó y me quedé a tres números de cantarlo, lo que no hubiese servido de nada porque no había premio, ni un mísero refresco o la posibilidad de repetir en la cena, na de na.

El viaje fue largo y un poco aburrido, como el colectivo estaba lleno de niños porculeros pusieron la peli Ice Age 2 y un corto que incluye el DVD por la noche, y a la mañana siguiente Heat, en latino, todo un espectáculo. Para cenar unos canelones de verdura medio guarros.

Al llegar a la terminal de San Martín fuimos directos al bar, bueno no, fumamos un cigarro primero, y después a comer, una hamburguesa completa para mi y un lomito para Rulos. En el bar nos esperaba una viejo ofreciéndonos su bed & breakfast, nos contó sus batallitas, sus visitas a España durante la dictadura, el destape y la actualidad, y nos recomendó un par de sitios para visitar, también nos invitó a tomar un café en su casa, pero pasamos de ir. San Martín es un pueblo chico, desperdigado con casas por todas partes, muchas tiendas de todo tipo y un centro de esquí próximo que lo convierte en un destino turístico importante y caro muy importante. Pasamos la noche en el hostel Puma donde nos cobraron 65 mangos por persona, la cama más cara que he pagado durante el paseito por Argentina, un precio que nos pareció exagerado en ese momento por un hostel con buen servicio pero tampoco para tanto, la computadora era un viejo IBM portátil con la bola ratón roja cutre que tardaba horas en conectarse, hemos encontrado de mejores por menos. En San Martín pasamos una tarde, dimos una vuelta por el centro, vimos escaparates, casas y tiendas de madera, mucha gente y el lago Lácar. Por la noche cenamos un pollo asado y una ensalada que compramos en La Anónima, una cadena de supermercados del sur de Argentina con una sección de comida preparada rica, rica, rica... todo un descubrimiento.

Al día siguiente hicimos la excursión de los siete lagos, una excursión de 110 km entre San Martín y Villa La Angostura que transcurre por la Ruta Nacional 234 y en la que ves el lago Machónico,el lago Hermoso, el lago Villarino, el lago Falkner, el lago Escondido, el lago Espejo y el lago Correntoso, cada cual más bonito. La excursión estuvo buena, pero hacía mucho mucho frío. En Villa La Angostura paramos a comer y dimos una vuelta por el pueblo, lleno de hoteles, residenciales y casas de extremo lujo, parcelas enormes a orillas del lago con muchos árboles, casas enormes y bonitos, teníamos intención de hacer noche, pero visto lo visto y con la experiencia de San Martín pensamos que nos arrancarían la cabeza en la Angostura y por la tarde tomamos un colectivo hacia Bariloche.

Bariloche es una ciudad a orillas del lago Nahuel Huapi, muy, muy, muy turística, una especie de Salou pero de montaña, esta lleno de hoteles, hostels, aparthoteles, hosterías, hospedajes, tiendas, agencias de viajes, el cerro Catedral y las pistas de esquí, bares y boliches, y es uno de los destinos preferidos de los viajes de estudiantes, muy graciosos porque alquilan ropa de esquí y van todos uniformados. En Bariloche dormimos en el Periko's por 45 pesos la noche, un hostel de puta de puta madre, con habitaciones cubiertas de madera, calefacción a tope, luces individuales para poder leer por la noche, baño privado y una buena cocina donde preparamos unos ñoquis guarros, seguramente crudos por culpa de una porteña que al rato de ponerlos nos dijo que si flotaban es que estaban hechos, y como ninguno de los dos los habíamos hecho antes le creímos, retiramos del fuego y chiquillo, que malos estaban, estuve por tirarlos al agua otra vez...
El segundo día compramos embutidos y pan y nos fuimos a dar una vuelta por la zona, subimos al cerro Campanario desde donde se ven unas vistas increíbles, Ray dice que es como Suiza, pero como no lo conozco sigo pensando que es de lo mas bonito e impresionante que he visto nunca, después hicimos un trekking, fumamos unos cigarros en una piedra a orillas del lago Perito Moreno y volvimos al hostel. Por la noche prepararon un asado, 35 pesos sin bebida, fuimos al super y compramos dos botellas de buen de vino que bebimos con el asador mientras preparaba la cena, charlamos, fumamos y a la mesa. Una mesa de siete persona, con tres chicas vegetarianas (una aspirante a actriz austríaca que vive en el Paral·lel, una amiga suya y una inglesa que había vivido en Barcelona), y una pareja de australianos, como nos pusimos, comimos hasta reventar y desabrocharnos el cinturón, ojú!

Al día siguiente dimos una vuelta por la ciudad y por la tarde tomamos un colectivo a El Bolsón, antiguo pueblo de hippies en los 70's, con muy buena onda, una feria de artesanía muy importante y sin rastro de hippies. En el pueblo nos instalamos en un hostel que ni recuerdo como se llama ahora ni cuando estuvimos allí, pero fue un acierto, la habitación era acogedora y grande, con una cama de matrimonio donde dormí de puta madre, y la familia que llevaba el hostel un encanto, todo por 35 pesos. El primer día dimos una vuelta por el pueblo, fuimos a la oficina de turismo donde nos recomendaron un par de trekkings que hicimos al día siguiente, ir a ver el río Azul, el Indio , que no sé yo que concepto tienen de indio por aquí, pero eso no era un indio ni de coña, para indio el que se ve de camino a Granada, y la cascada Escondida. De vuelta al pueblo paramos en la cervecería El Bolsón donde probé una cerveza "casera" de frutas del bosque que no estaba mala.

El día que llegamos la mujer del hostel nos comento que al días siguiente iban a preparar un asado y como no, nos apuntamos, nunca rechazamos estas propuestas la verdad, y este fue un asado legen- dario!! Tomamos dos cervezas mientras se hacía la carne, hablamos con Claudio, el dueño del hostel con el que hicimos migas, nos contó batallitas, historias, bebimos vino y comimos mucho otra vez... Después del asado unos cuantos del hostel, dos chilenos, un argentino, una americana y un suizo salimos un martes de marcha, fuimos al casino del pueblo donde apostamos fuerte a la ruleta, siete rojo, pero perdimos 20 pesos, y después a un bar donde invitamos a unas minitas a cerveza, pero la tarde había sido larga y cuando todo empezó a dar vueltas me fui como pude al hostel a dormir...

El último día en El Bolsón dimos una vuelta por la feria de artesanos e hicimos tiempo hasta tomar el colectivo a Puerto Madryn por la noche. En la parada del colectivo conocí a un chico que estudia INEF en Lleida y a Javi que nos iba a acompañar en el viaje hasta El Calafate.

La Región de los Lagos ha sido sin duda lo que mas me ha gustado del viaje.

lunes, 27 de julio de 2009

Mendoza

El colectivo hacia Mendoza salió puntual desde Tucumán, unas 16 horas de viaje junto a un tipo recio que me incomodo prácticamente toda el el trayecto hasta que se cambió de asiento y los dos estuvimos mas cómodos. El servicio un poco justo, la cena mala y las pelis chunguillas, la ultima del tipo de Gigolo, un peli carcelera de coña, y la última de Steven Seagal que cuando llegue a Lleida no dudaré en bajarme.



Al llegar a Mendoza ya me esperaba una mujer para ofrecerme su hostel, Casa Pueblo, con camas a 30 pesos. Me acerque al bar de la terminal, pedí un desayuno y fume unos cigarros pensando en lo que iba a hacer y donde dormir. Me decidí por el hostel de la mujercita y me acerque, una casita pintada de rojo y una puerta metálica verde junto a una gasolinera. Me instalé en la habitación interior, me recomendaron sitios a visitar por la ciudad y me largué. Mendoza, como tantas otras ciudades argentinas tiene un centro y una plaza, normalmente llamada Libertad o San Martin, la verdad es que los argentinos no se esfuerzan mucho en nombrar a sus calles y plazas, en todos los sitos tienen los mismo nombres, pero Mendoza tiene la peculiaridad de tener plazas en cada una de las esquinas del centro, Plaza España con azulejos andaluces y reformada por Repsol, Plaza Italia, Plaza Chile y Plaza San Martín. Paseando por la ciudad vi un vegetariano y no dude en entrar, la comida iba por peso y compre un kilo que comí rapidamente, pague, salí y continué con mi paseito, un poco mas adelante encontré una cafetería con terraza donde poder fumar, pedí un café con leche, leí el diario y al acabar me fui hacia el hostel. En el hostel leí un libro y al acercarse la noche salí en busca de algún sitio donde cenar, después de dar unas cuantas vueltas me encontré con el Mesón Espanyol y entre, unas papas con alioli, una milanesa napolitana y una botellita de vino que me costo una pasta. Era el día del amigo y estaba en un pseudo restaurante español curioseando la conversión de unos viejos inmigrantes que no decían nada interesante, pero necesitaba distracción.



Mi primer día en Mendoza fue un poco decepcionante, esperaba que la ciudad me gustase, pero no fue así. Tenia pensado largarme ese mismo día a Santiago de Chile, pero el paso estaba cerrado, o a el Valle de la Luna, pero justo en el momento en que me quería ir me encontré con un conocido de Salta y decidí quedarme unos días mas. Acompañado por el bombero hice la misma ruta del día anterior, en la plaza central nos encontramos con unos porteños que había conocido por la mañana en el hostel, hicimos unos mates, y nos fuimos a comer. Caminando hacia el parque entramos en un restaurante español, con banderitas con toritos, un tablao y muchas mierdas por el estilo. Para comer el plato del día, un guiso de carne con papas, rico, rico, rico. Con la panza llena seguimos nuestro camino hacia el parque, un par de indicaciones y ya estábamos allí, dimos una vuelta, encontramos un laguito, nos fumamos un cigarrito y el bombero se fue porque tenia frío. Me quede solo, di la vuelta al lago y me fui al hostel, de camino encontré una cafetería pija con terraza y me tome un café con leche mientras leía el periódico. Justo cuando acabe pasaron los porteños por delante y fuimos juntos hacia el hostel, previa parada por cada uno de los puestos de artesanía de la plaza. Por la noche nos juntamos todos y fuimos a cenar a un restaurante con parrilla libre, por 30 pesos nos jartamos de comer morcilla, chorizo, carne y chinchulines.



El día siguiente amaneció nevado, una fina capa de nieve cubría la ciudad y después de desayunar fuerte y abrigarnos en exceso nos fuimos todos al parque a ver el Cerro de la Gloria, un monumento de interés nacional en honor a San Martín y la campaña de los andes, la verdad es que muy bonito, con su historia y sus cosillas, pero mucho frio. Amaneció y siguio nevando durante toda la mañana, después por la tarde paró y en una hora toda la nieve desapareció. De vuelta al hostel tomamos un taxi para los cinco, ningún problema, compramos unos sandwich de salami y queso y a comer en el hostel. Unos tios chungos entraron pidiendo información para quedarse a dormir y los desgraciados putos aprovecharon para robar un par de cosas de la habitación de unos franceses, nno se quedaron, por supuesto. Por la noche Alfredo se curró un arroz de pollo muy rico y cenamos todos juntos con los porteños, el arroz salió rico y los porteños lo agradecieron en exceso.

Al día siguiente fuimos a ver el Aconcagua y el Puente del Inca, una excursión relámpago y con prisas todo el rato. Salimos a las 10 de la terminal, en un colectivo cutre con unos argentinos maleducados delante que escuchaban música por el mobil, una mierda de cumbia que me martilleaba la cabeza, amablemente pedí que parasen la música y así hicieron. Más tarde estos empezaron a dormir y estuve tentado de poner musica yo para joderlos, pero bueno, me comporté. De camino al mirador del cerro pasamos por un par de estaciones de esquí, lo mas cutre y feo que he visto nunca, un par de remontes y cuatro pistas que bajaban por la ladera, horribles... El cerro del Aconcagua lo vimos rápido, media hora de caminata con nieves hasta las rodillas, unas fotos desde el mirador, un cigarrito y de vuelta, que nos quedaban menos de dos horas para ir al Puente del Inca y comer algo. El puente es una construcción de piedra y barro de los incas que salva un rio y forma parte de la Ruta Inca, tiene un color amarillo por el azufre de sus aguas y hay un antiguao balneario que construyeron para aprovechar las aguas termales. El puente es verlo, hacer unas cuantas fotos e irse, y eso hicimos, despues un sandwich rápido y a tomar el colectivo de vuelta a Mendoza. Por la noche estabamos solos, los porteños se habían ido. Hicimos una ensalada en el hostel y vi por la televisión la versión argentina de Tienes Talento junto a un viejo que le encantaba y no paraba de opinar sobre las actuacions, no tiene desperdicio la versión argentina.

El último día en Mendoza no hicimos nada, esperar a que saliera el colectivo a media tarde. Comer, chupar mucha tele y leer. En Tucumán compré un libro y lo acabé en Mendoza donde compré otro, Lestat el vampiro que lo tengo en Lleida, pero vi un trozo de la película La reina de los condenados y me lo compré, los vampiros vuelven a estar de moda, entre True Blood, Crepúsculo y unas nuevas crónicos vampíricas.

viernes, 24 de julio de 2009

Cambio y monedas

Una de las cosas que más me molesta en este país es el tema del cambio, la mayoría de establecimientos tienen verdaderos problemas en darte cambio según el billete que des, y la verdad es que para el turista es una putada porque los cajeros sueltan billetes de cien pesos y casi nadie puede darte cambio, tienes que preguntar antes y si no tienen, te jodes y tienes que ir a otro sitio.

También tienen problemas con las monedas, hay de 5, 10, 25, 50 céntimos de peso y de un peso, prácticamente nadie tienen monedas y como no pueden darte cambio te ofrecen otros productos, caramelos, sugus, chicles y otras mierdas, cuando te lo dan porque en las terminales redondean al alza y te estafan unos céntimos que van sumando y deben sacarse una pasta al cabo del tiempo. El tema de las monedas me tenía intrigado y un argentino me dio la respuesta, se ve que la gente las ahorra en grandes cantidades, después viaja a Bolivia, las vende y saca más dinero porque en ese país el valor del metal es mayor al valor monetario, y utilizan las monedas para fundirlas con el oro y bajarlo de ley, de 18 quilates a 14.

miércoles, 22 de julio de 2009

Cafayate-Quilmes-Tucumán






El 15 de julio Rayco y yo nos separamos, el canario tiró hacia norte y el catalán hacia el sur.



De Salta fui a Cafayate, 4 horas de viaje en un furgoneta, una parada de 10 minutos para fumar un pucho y hacia las 3 del mediodía en el destino. En la terminal tres relaciones públicas nos ofrecían diferentes hostels para dormir, llegué con la intención de quedarme en el Balcón y finalmente llegó el pibe del Balcón, me monté en la furgona y me acercó al hostel. Me instalé, 30 pesos la noche, y fui a comer algo. En el restaurante del mercado tomé pollo con arroz y un agua, acabando la comida vi como un conocido de Salta, Rulos, llegaba al hostel, me vio, se acercó, estuvimos un rato hablando y se fue. Por la tarde alquilé una bici para ir a ver las cascadas del río Colorado, a unos 6 kilómetros de distancia. Agarré la bici, empecé a pedalear por un camino amplio de ripio y una suave pendiente que me cansó muchísimo. El último tramo lo hice caminando, con la bici a cuestas, me dio por girarme y vi como se acercaba corriendo un pibe, se paro a mi lado y empezamos a charlar, le dije que iba a las cascadas y se ofreció a acompañarme. Dejé la bici en una casa e iniciamos el camino a las cascadas. Suerte que iba con guia porque sino seguro que me perdía. Por el camino nos encontramos a una pareja de argentinos perdidos y se engancharon a nosotros. Vimos las cascadas, muy bonitas, subimos un cerro y bajamos por detrás. Buen rollito con los argentinos, no paramos de charlar y después me acercaron al pueblo, pinché la rueda de la bici y pensé que tenía gafe. Por la noche conocí a dos navarros y tres chicas argentinas, estuvimos charlando y al rato me fui a dormir, la caminata de la tarde me había agotado.



Al día siguiente desayuné y fui a ver unas pinturas rupestres que hay en la zona, pasé de alquilar una bici y fui caminando, mucho mejor. Llegue a los 45 minutos, un chavalín me acompañó a lo que quedaba de las pinturas rupestres junto a la pintada de algún argentino gilipollas, le di dos pesos y unos chicles y me fui. De vuelta a Cafayate me encontré con los navarros y las argentinas, tomamos unas empanadas como aperitivo y más tarde comimos chivito al horno, y por la tarde excursión. Por 50 pesos te hacen un recorrido por la quebrada de las conchas, una autentica pasada, como la de Humauca, pero más espectacular y pequeña. Las montañas son de colores, rojas por el óxido del hierro, blancas por la arcilla, amarillas por el azufre y verdes por el cobre. Visitamos la Yesera, el anfiteatro y la garganta del diablo (parece que cada zona que se precie necesita tener una garganta del diablo).



Mi último día en Cafayate desayuné, hice la bolsa, pagué y me fui a las ruinas de Quilmes. Esperando el micro tomé un café y charlé con el camarero. Me monté en el micro y en una hora estaba en el desvío a las ruinas, dejé la mochila en una tienda de artesanías por dos pesos y empecé a caminar, al rato me levantó una familia y me acercó a Quilmes. Los indios Quilmes dieron mucha guerra a los españoles, estuvieron luchando décadas y una vez derrotados y sometidos los obligaron a ir a Buenos Aires caminando, los que llegaron se instalaron en la ciudad y formaron el barrio de Quilmes. El poblado está situado en la ladera de un cerro donde vivían en tiempos de paz y cuando venían los españoles subían a la montaña a verlos llegar, así estuvieron años y años. Las ruinas las vi rápido, fui caminando hasta el cruce y a hacer dedo, me pasé 3 horas hasta que me levantaron, acabé de leerme Factotum, fumé unos cuantos cigarros y pensé en mi mal kharma, creo que ahora pararé a mas autoestopistas.

La pareja de Rosario me llevo hasta Amaicha, un pueblito lindo donde quería pasar la noche, pero la espera me hizo cambiar de idea. En el pueblo busqué la oficina de turismo, tras unos cuantos intentos y diversas indicaciones fui a la terminal, compre un boleto a Tafí del Valle y en el bar de delante comí una milanesa, bebí una Salta negra fresquita y charlé con un argentino. El trayecto a Tafí fue más pesado de lo que esperaba y al llegar sobre las nueve hacía mucho frío y niebla. Pregunté en la terminal por un hostel que me habían recomendado y al cabo del rato conseguí encontrarlo. Me instalé, duché (me dijeron que me diese prisa porque el gas se congelaba por la noche) y pregunte por algún sitio donde comer. Justo delante del hostel había una viejita que servía comidas, pedí locro y me dio tres raciones, dos las comí por la noche y la otra para desayunar, la gente alucinaba.

En Tafí del Valle estuve una noche y una mañana, es un pueblito de montaña donde la clase alta de Tucumán se escapa los fines de semana, hay una avenida comercial donde hay tienditas, restaurantes y unas galerías, parece lindo pero pasé de quedarme más tiempo.

San Miguel de Tucumán es la capital de la provincia, tardé unas cuatro horas en llegar y lo primero que hice fue visitar la oficina de turismo donde estaba el viejito más tranquilo y pausado que he visto en Argentina, después de 30 minutos me había explicado los puntos más interesantes de la ciudad e indicado un hostel. El Hostel Tucumán está en la calle Buenos Aires, a diez cuadras de la terminal y a siete del centro, lo localicé sin problemas, me instalé y fui a dar una vuelta. La idea era llamar a unas chicas de Tucumán que conocí en Tilcara y salir la noche del sábado, pero no las localicé, compré el último libro del maestro de los best sellers de intriga, John Grishman, que me costó una pasta y volví al hostel. Empecé el libro y vi un rato la tele, ponían Gladiator en versión original, compré una cerveza y me puse a ver la peli, en un momento me quedé solo, me estiré en el sofá de piedra del comedor y me quedé dormido. Al despertar la peli había acabado, fui a la habitación y seguí durmiendo.

Al día siguiente me desperté pronto y descansado, desayune y fui a dar una vuelta por la ciudad. La ciudad es muy urbana, con un centro bonito y unos cuantos edificios históricos interesantes. Visité la casa histórica de la Independencia donde los gobernadores argentinos declararon la independencia a la Corona Española. La casita la reconstruyeron hace unas décadas porque se encontraba en un estado lamentable, estos argentinos tienen poca consideración hacia sus monumentos históricos, por suerte la sala donde declararon la independencia es la original. Después visité la catedral, compré el Clarín y lo leí tomando un café en una cafetería. Al acabar me encontré con unos vascos que conocí en Salta, me enganche a ellos y pasamos el resto del día juntos, comimos, charlamos y nos despedimos. A las siete salió en colectivo a Mendoza.

Tráfico

En Buenos Aires dicen que si alguien te cede el paso es que es uruguayo.

Llevo prácticamente un mes en Argentina y no estoy del todo seguro quien tiene preferencia. En principio y teóricamente tiene preferencia el de la derecha, pero no en todos los casos se cumple, después pensé que sería el que tiene el coche mas grande, pero he visto micros pararse para ceder el paso, finalmente un argentino me dio la respuesta: el que tiene menos de perder.

Obtener la licencia de conducir en Argentina no debe ser muy difícil, a las preferencias no le hacen caso, las señales son prácticamente inexistentes, tienen la obligación de llevar las luces puestas todo el día y si tienes antinieblas mejor, no tienen ningún problema en manejar con ellas, y otros temas seguro que no son importantes. Lo difícil debe ser aprobar el práctico, manejar no es muy complicado, pero hacerlo en una ciudad es un cachondeo, cuando alquilamos el auto en Salta iba asustado por las calles.

En Argentina las competencias de tráfico estan transferidas a las provincias y estas las delegan en las municipalidades que eligen la mejor forma para dar las licencias. En Rosario haces un curso teórico, un examen del curso, un curso práctico y un examen, hasta aquí ningún problema, pero si lo tienes siempre puedes ir a un pueblito cualquiera, pagar y obtener una.

En Argentina los accidentes de tráfico son la segunda causa de muerte en el país.

sábado, 18 de julio de 2009

Salta-Quebrada Humauca-Salta

Tomamos el colectivo en Puerto Iguazú hacia Salta, 22 horas de viaje que no se hicieron eternas gracias a las cuatro películas que pusieron. No hay nada mejor que ver To Fast To Furius 4 otra vez que verla en argentino, Vin Diesel no tiene el mismo carisma, después Crepúsculo, Señales del Futuro y para acabar la peli de Eastwood del niño desaparecido, ¿cómo pueden intentar colar un niño que no es a una madre? Durante el viaje nos dieron de comer, un sandwich de miga, y de cenar, un filete de pollo empanado con unas patatas medio crudas, no estuvo mal.



Al llegar a Salta nos asaltaron los relaciones públicas de los hostel, nos quedamos con el más barato, 25 pesos por persona en el Siete Duendes. La ciudad de Salta es Salta la linda, con un pasado colonial importante, creo que fue uno de los asentamientos más antiguos de los españoles, y la verdad no se donde ven lo de lindo en la ciudad. El centro son 10 cuadras cuadradas con restos de arquitectura colonial, el cabildo, y unas iglesias bastante bonitas, a parte de eso tiene la calle Balcarce, donde se concentran los boliches (como el Ibiza y el Amnesia) y las peñas (comedores turísticos con espectáculos folclóricos en directo, una pasta, no entramos). A parte del centro se puede visitar el cerro de San Bernardo, una montañita orgullo de la ciudad a la que se puede acceder por carretera, por una escalera con unos 1000 escalones y por teleférico. Tomamos el teleférico y Ray lo pasó fatal, tiene vértigo o un miedo extraño a las alturas. Al llegar a la cima, hay poco que ver, una vista panorámica de la ciudad y una vueltecita por la reserva natural del cerro por 3 pesitos con guía. La visita está interesante, pero no mata. El guía nos comentó que el cerro se está cayendo y que están un poco preocupados porque se van a quedar sin atracción turística, y también nos hizo un pequeño resumen sobre la fauna autóctona de la zona compuesta por alacranes, víboras, arañas (se ve que hay una araña grande como una naranja, no la vimos) y mosquitos en verano, cuando dijo lo de los mosquitos solté una pequeña carcajada, no podía creer lo que estaba escuchando. Después de la visita bajamos por las escaleras y nos comimos un buen locro acompañado de una humita y un tamal.



Si llegan a ir a Salta, no se pierdan el Museo Arqueológico de Alta Montaña. En 1999 una expedición formada por argentinos y chilenos, encabezada por un austríaco y con reportaje fotográfico del National Geographic subió al volcán Llullaillaco a 6700 metros de altura y encontró la tumba de tres niños de la época inca ofrecidos a los dioses junto a su ajuar. Un hallazgo arqueológico impresionante que se puede ver en el museo. Ah, por motivos de conservación "los niños del Llullaillaco" se exponen por separado y van rotando, cuando fuimos vimos la niña del rayo, porque se quemó en parte debido a un rayo que le cayó. Es impresionante, se mantienen en un estado de conservación increíble, los dientes, el pelo, la piel...






De Salta fuimos a la quebrada del Humauaca, alquilamos el auto más barato que encontramos en Dollar Rent a Car y a la carretera. Rayco se dejó la licencia en Buenos Aires y yo manejaba el auto, al menos en los trayectos más sencillos. Subimos hacia Jujuy por La Caldera, una carreterita de montaña estrechita muy linda, y de Jujuy, que pasamos de largo sin visitar, a la quebrada. Nos instalamos en Tilcara, un pueblito turístico con casas de adobe y techo de paja muy lindo, donde puedes visitar la Pucara, poblado inca reconstruido muy bonito, y la Garganta del Diablo. En Tilcara dormimos en el hostel Waira donde estaban preparando un asado el día que llegamos. El plan inicial se truncó tras el asado, el vino, el fernet y conocer el bar Los Tientos. La mañana siguiente se perdió totalmente, Rayco tuvo una resaca espantosa y no se despertó hasta las 2 del mediodía mas o menos, se duchó, bebió un poco de agua y agarramos el auto hacia Iruya.



Iruya es un pueblo que está en medio de un valle, a 60 kilómetros de la carretera, se llega por una pista que sube y baja y que se hace interminable, unas 2 horas. Llegamos, vimos un poco y nos fuimos, nos cogió la noche de vuelta y la verdad es que estaba un poco asustadillo, pincharemos? nos quedaremos sin gasolina? nos estamparemos? pero fue bien la cosa.






Al día siguiente desayunamos, agarramos el auto y fuimos a Purmamarca donde está el cerro de los siete colores y un mercado de artesanía muy bonito. De Purmamarca fuimos a San Antonio de los Cobres, llegamos en 3 horas después de subir a 4200 metros y recorrer la vieja 40, unos 100 kilómetros de vía consolidada, con un ripio decente. El trayecto de la 40 es aburrido y repetitivo, no hay ninguna señal que marque distancias ni nada, los pueblos se alimentan de energía solar, vimos llamas y burritos cruzar el camino y en medio de la nada había una mujer vendiendo artesanía, paramos, vimos, le dimos unos caramelos y un pastas, y seguimos nuestro camino. Al llegar a San Antonio de los Cobres comimos, llenamos el depósito y fuimos a ver la Polvorilla, una obra de ingeniería argentina, el puente de ferrocarril más alto de Argentina. De vuelta a San Antonio pinchamos, estuvimos un ratito con la rueda, el gato era un poco rudimentario y suerte de los minores que volvían de currar y nos ayudaron a cambiarla. Rayco agarró el coche y de vuelta a Salta, unos 160 kilómetros cuyos primeros y últimos kilómetros eran de ripio, una pasada, que mal rollo en el último tramo.

Otra vez en Salta fuimos al Siete duendes, nos instalamos de nuevo y a dormir. Al día siguiente cambiamos la goma, nos pusimos un poco duros con los del alquiler y nos devolvieron la fianza integra. Por la noche compramos unos buenos pedazos de carne, un buen vino y nos despedimos. Surgió la oportunidad de ir al Machu Pichu y Rayco se apuntó, era buena pero a mi no me apetecía, mi viaje es por Argentina y desplazarme a Perú me tomaría mucho tiempo.